Este escrito viene
motivado por varias cosas:
1-
Mi defensa del TFM el pasado junio.
2- Un primer rechazo de la Facultad de
Filosofía a mi propuesta de tesis, con la excusa de “Perfil no adecuado”.
3-
Lo que veo a mi alrededor.
¿A
qué me refiero con la multidisciplinariedad o interdisciplinariedad (palabros
complejos)? Me refiero a la conjunción de varias ramas del saber en un tema de
una rama en concreto, me explico. Hablo desde la perspectiva de alguien que ha
estudiado Historia (y quizá esto marque muy profundamente lo que aquí está
escrito). Yo puedo estar haciendo un trabajo sobre la Segunda Guerra Mundial,
pero introduzco métodos, objetivos, lecturas, análisis, lo que sea, de, por
ejemplo, la psicología o la literatura; o estoy haciendo un estudio sobre el
pensamiento filosófico en la Antigüedad, evidentemente la filosofía aparecerá
por ahí.
Es
cierto que la Historia me parece una de las ramas con más influencia de otras
en sus estudios, y tiene que ser así. La Historia (que en griego significa
simplemente investigar) abarca todo
nuestro pasado humano y por tanto todo, absolutamente todo, lo que hayamos
hecho, pensado, creado, etc. todo eso incluye todas las otras ramas. No es extraño
encontrarse en los distintos grados universitarios o en el instituto mismo,
títulos de asignaturas como “Historia de la Literatura”, “Historia de la
Física”, “Historia de la Medicina”, etc. Estas asignaturas tienen, a priori, un
objetivo claro: (tomemos como ejemplo la Medicina), contar los descubrimientos
que se han ido realizando, explicar cómo se aplicaba la medicina en
determinadas épocas, etc. No nos enseñarán, como es evidente, la anatomía, o la
histología, o cómo diseccionar, sino que nos hablarán de cómo tenían que apañárselas
los primeros pioneros en el estudio de la anatomía, para poder cotillear dentro
de un cadáver sin que la Iglesia los pillara; o de cómo se erradicó no sé qué
enfermedad, etc. No se trata, por tanto, de enseñarnos medicina, sino de
conocer el pasado (o el presente) de la investigación de esa rama (por
ejemplo). No voy a entrar en la necesidad o no de que esto exista.
Sin embargo, en lo que quiero entrar aquí es en el
intercambio directo de métodos, en el estudio multidisciplinar. Como decía, es
difícil que en Historia eso no ocurra, es el pan nuestro de cada día. Si
queremos preguntarnos cómo era la sociedad ateniense del siglo V, nos
sorprenderemos aplicando términos de la sociología, de política, de la
educación, de la filosofía, etc. El objetivo no es el mismo que buscaría
alguien de sociología, no lo miramos por el mismo lado, pero nos encontramos
juntos en un mismo camino. Los historiadores necesitamos saber de geografía,
necesitamos conocer los mapas para poder completar, lo más satisfactoriamente
posible, nuestros estudios y, sobre todo, encuadrar y contextualizar aquello de
lo que hablamos (uno de los pilares imprescindibles del método de la Historia,
sí, hay método), o si queremos entender la repercusión del entorno en los
humanos o por qué hay determinadas poblaciones en determinados sitios. Es tan
imprescindible tener este tipo de base, como que los historiadores del arte
sepan de literatura o de la “otra historia”, para poder saber de qué están
hablando al analizar una obra pictórica o escultórica (algún día hablaré sobre
qué se considera Historia y qué no). En una ocasión una estudiante de historia
del arte me dijo que no entendía por qué estudiaban literatura en esa carrera.
Aparte de que la literatura es un arte, es que son indisociables, se pongan
como se pongan. También escuché muchísimas quejas en mi carrera, sobre por qué
teníamos que dar geografía o arte o filosofía. Para mí, incomprensibles. Recordar
simplemente que, no hace tanto, eran una sola carrera. A veces resultan difusos
los límites entre estas ramas que llamamos “humanidades”.
Otra
de las ramas con la que nos topamos constantemente, sobre todo los de Antigua,
es con la filología. Estoy tan agradecida a la gente que se le dan bien los
idiomas y que me han permitido leer un libro griego... Es normal el uso de esta
disciplina para nuestros intereses, e insisto, los objetivos de un filólogo y
un historiador no son los mismos y tenemos que prestar atención a estas
diferencias. Donde ellos se preocupan por la evolución de una palabra o un
fonema en un tiempo determinado, nosotros podemos ver los movimientos de
población (ellos también), acudimos a la arqueología, para ver si esto
corresponde con lo material, y emitimos nuestras conclusiones. Como digo, esto
es lo normal, pero hay quien no lo admite ni lo aplica, lo que merma la calidad
de los estudios históricos una barbaridad. Lo perfecto sería que un historiador
supiera griego y latín y fuera arqueólogo y supiera hacer cartografía y
paleografía, numismática y hablar varios idiomas modernos, y saber cómo se
disecciona y cómo funciona el universo, ya puestos etc. y de hecho la formación
tiende a crear a ese historiador perfecto, que sabe absolutamente de todo y no
depende de nadie de otras ramas porque conoce a la perfección los métodos de
las mismas. Hay quien lo consigue, otros, nos tenemos que conformar con
nuestras capacidades limitadas. Una parte fundamental de nuestra formación es
saber discriminar qué sí y qué no.
He detectado, en estos años de formación, ese especial
“pique” entre la filología y la historia, y la arqueología. Hay quienes se
aferran a un texto escrito como verdad indiscutible y omiten los datos
evidentes que nos da la arqueología (generalmente más fiable), y hay quien
rechaza de lleno la aportación que pueda hacer un filólogo sobre nuestro
estudio, porque las palabras mienten o porque no dan datos absolutos. Ambas
posturas me parecen absurdas. Así lo viví, por ejemplo, en mi defensa del TFM.
En aquella sesión donde se defendieron varios trabajos,
hubo casos de intercambio de ramas. El más particular fue el de una compañera,
pediatra, que mezcló medicina e historia. Fue un trabajo interesantísimo y con
mucho esfuerzo detrás. A través de los textos y de las evidencias
arqueológicas, aplicó sus conocimientos de medicina para contarnos las
enfermedades que asolaron la Atenas del siglo V a.C. Este TFM fue aplaudido por
todos. Sin embargo, en los otros TFM donde el intercambio era más “normal”, es
decir, filólogos o arqueólogos (entre otros), asomando, se hizo constar un leve
malestar. En mi caso, en mi trabajo se incluían los pensamientos de
periodistas, filósofos, sociólogos, historiadores, filólogos, politólogos, etc.
Ese era uno de mis objetivos: ¿cómo se había entendido la ideología política de
Sócrates en los siglos XIX y XX por las distintas ramas del saber? La ausencia
de más historiadores fue una de las leves críticas. A otra chica directamente
le criticaron la excesiva presencia de filólogos. ¿Por qué un intercambio está
bien y otros no? ¿Por qué esa reticencia, cuando es evidente que la historia lo
necesita, o más bien, no, no es que lo necesite, es que es así? Y ojo, no hablo
de los intrusismos. A mí no me gusta en exceso que un periodista se declare
historiador, no, oigan no. No somos lo mismo, nuestros métodos y objetivos no
son los mismos. No me importa que hagan una valoración de la historia desde su
punto de vista, pero no se vendan como historiadores o no vendan su trabajo
como historia si no es así. No me importó nada en mi TFM hablar del libro de
I.F. Stone, sobre Sócrates. Él es honesto desde el principio en sus objetivos y
métodos, otra cosa es que se esté de acuerdo con esas conclusiones. No es la
“Historia de Sócrates”, no, son las ideas que este señor tiene sobre Sócrates
después de haber investigado. Eso no es intrusismo, es intercambio. Quizá
tendría que pensar en cuáles son los límites.
Pasando al siguiente punto, tengo que aclarar cuál es mi
particular visión de la estructuración de las ramas del saber. La primera de
todas, de la que parten las demás, es la filosofía. El amor al saber, el
hacerse preguntas, el comprender en general o en concreto nuestro contexto y lo
de más allá, es lo básico para que cualquier tema en concreto tome cuerpo y
acabe convirtiéndose en una rama propia con sus objetivos, métodos, etc. Si se
tiene una idea restringida de la filosofía o de cualquiera de las otras ramas,
esto no se verá jamás, y quizá es uno de los grandes pecados que lleva
arrastrando la investigación. Este hecho se viene denunciando desde hace muchos
años, no es nuevo, pero la hiperespecialización de hoy en día, supera cualquier
cosa. Hoy más que nunca se hacen necesarias las investigaciones generales que
vinculan cada ramita de la gran rama para poder formarnos una idea de su contexto,
su alcance, su estado, etc. Ya lo advirtió, por poner un ejemplo, Ortega en La
Rebelión de las masas, y es un libro de 1929. Pero vuelvo al tema del inicio de
este párrafo.
La
filosofía me parece el origen de las inquietudes, de ahí partimos y es propio
del ser humano, como lo que más. Dejarla de lado, implica dejarnos de lado a
nosotros mismos, a lo que somos en esencia y es sinónimo de gente a la que no
le importa nada lo que no sea exclusivamente su vida y que pasa su tiempo sin
preguntarse absolutamente nada (se me antoja complicado, pero los hay). Por
tanto, creo que la filosofía es compatible con cualquier otra rama del saber.
Filosofía de la ciencia, filosofía de la moral, filosofía y derecho, filosofía
de la historia, historia de la filosofía, los límites difusos, a veces, entre
un sociólogo y un filósofo o un psicólogo (hoy en día se han especializado
mucho las dos ramas, pero pensemos en su origen. He visto a Marx tanto como
filósofo como sociólogo). No creo que se pueda investigar nada si antes no te
preguntas algo, preguntarse para mí es sinónimo de filosofía (sé que no se
queda ahí, podemos discutir lo que haga falta todos los flecos. Aquí quiero dar
una visión general, vaya).
De
ahí la sorpresa mayúscula que me llevé al ver que mi pre-inscripción de la
tesis en la Facultad de Filosofía, había sido rechazada por “perfil no
adecuado”. Una tesis sobre José Ortega y Gasset y la importancia de la Historia
en su pensamiento, no era adecuada. El perfil de un historiador, no era
adecuado con un programa de doctorado de Filosofía. Habría esperado cualquier
otro tipo de excusa, pero esta no. A raíz de esto, pregunté en Twitter lo
siguiente: “¿Alguien por aquí que no crea que la historia y la filosofía son
materias afines?”. Hubo quien dijo que sí eran afines, pero otros no lo
consideraban así, porque el objeto de estudio no era el mismo. Evidentemente no
lo es, por eso existen ramas diferenciadas, pero eso no quiere decir que no
sean intercambiables, como he venido defendiendo hasta ahora. Que la filosofía
se centre en algo general y la historia en algo concreto, no me parece algo
incompatible. De hecho, de un interés general, surge el interés por algo en
concreto, lo malo es que del interés concreto no se llegue a un interés
general. Queda aislado el conocimiento, y es necesaria la especialización para
que algo se desarrolle hasta lo máximo posible, pero no podemos obviar lo
demás. Vuelvo a poner un ejemplo de medicina. La medicina está muy fragmentada
en función del ámbito de estudio, pero todos los médicos tienen que saber cómo
funcionar todo. No vale que uno sea experto única y exclusivamente en el
corazón, no. El organismo está conectado, no son elementos aislados. Lo que le
pasa en un principio a un solo órgano puede afectar a otros aspectos del resto
del cuerpo y viceversa. Para diagnosticar bien hay que tener en cuenta todo lo
posible, para luego concretar. Luego, en función de qué es lo que concentra el
foco, actúan uno u otro especialista. Pero, anda que no hay veces que tienen
que hablar varios especialistas entre ellos para ver qué se hace.
Yo también pienso que, en la mayoría de los casos, es imposible estudiar algo separado de todo lo demás. Todas las ramas se empapan de las demás y se influyen y/o complementan unas a otras. Yo, mismamente, también tuve que estudiar historia, política y filosofía durante mi carrera para poder comprender por qué se escribía lo que se escribía en cada época.
ResponderEliminarSe escribe "multidisciplinariedad o interdisciplinariedad".
ResponderEliminarGracias.
EliminarCuanto te han obligado a pensar. Y bien........
ResponderEliminarRecuerdo nuestra conversación del último día que nos vimos. Te quiero mucho
Muchas gracias Rosa. Ya sabes que yo también te quiero =)
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