domingo, 17 de julio de 2016

Sobre el futuro de las bibliotecas y los libros en papel.

        Supongo que sobre este asunto se habrán escrito millares de artículos y se habrán expresado no menos opiniones, no creo que aporte nada nuevo; sin embargo, quiero hablar de un caso concreto, una distopía concreta.
            Trabajo en una biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid. Hace unos días se dio una charla sobre una plataforma de libros electrónicos. Desde la dirección de la biblioteca se animó a la asistencia y se recomendaba la asistencia con mucho interés. Yo no fui, me quedé con una compañera a la devolución; tampoco tenía mucho interés. Luego me enteré de que la introducción de los libros electrónicos era algo que se fomentaba desde la dirección de la biblioteca UCM. Desconozco los motivos, aunque me los puedo imaginar. Reflexionando, precisamente sobre esos motivos, he llegado a varios pros y contras. Empiezo por los pros:
-          A priori es más ecológico. No se gasta papel, no se talan árboles para imprimir libros. Si esto fuera verdad, sería estupendo, pero tengo la ligera sospecha de que para fabricar los soportes de lectura electrónica y las máquinas que hagan posible el proceso, se talan árboles y se contamina igualmente, si no en peor grado. Pero como vamos hacia un mundo en el que todo el mundo tendrá uno de estos soportes… bueno, dejémoslo ahí.
-          No se deteriora. Lo malo de una biblioteca de estas características (universitaria) es que los libros sufren mucho. Por el tránsito, el uso, el tiempo, simplemente. Eso implica comprar más ejemplares, renovarlos, mantenerlos y repararlos, lo que aumenta el gasto. (Quizá una mejor educación en el trato al libro ayudaría algo a solucionar este problema)
-          Todo el mundo tendría acceso al libro. Las bibliotecas no pueden disponer de un ejemplar por alumno de cada libro que se posee, es inviable. Con el libro electrónico todo el mundo tendría acceso al contenido, cuando quisiera, como quisiera, sin depender de horarios de apertura y cierre y sin depender de si un irresponsable ha devuelto o no el libro en el que estaba interesado. (Insisto en la educación).
-          Economía, que es el principal motor de algunas personas. En un principio, al pagar un libro electrónico, se ahorraría dinero. Un ejemplar electrónico vale por muchos en papel, es así. El que no se deteriore y no haya que mantenerlo ni tener un espacio físico para él, también ayudarían al ahorro. Un libro electrónico es caro para este tipo de usuarios como lo es la UCM. Hay que tener en cuenta que las empresas son conscientes de que ese libro va a ser leído por mucha gente, no van a perder dinero tampoco; y esos contratos se renuevan constantemente. Habría que hacer un estudio sobre si resulta económico o no, eso lo desconozco, pero seguro que los hay.
-          Espacio, el eterno problema de las bibliotecas. Evidentemente, al usar el libro electrónico nos ahorramos el espacio, solo haría falta un buen sistema que pueda soportar el peso del libro y que garantice el acceso a este de forma remota (este es otro asunto). No habría estanterías abarrotadas a punto de desmayarse por la excesiva carga. No se necesitarán espacios enormes.
-          Libros sin subrayar, listos para cuando uno quiera. No se acumularían ediciones antiguas, se renovarían automáticamente, siempre al día.
Ahora las contras:
-          Hasta donde yo sé, por lo que los propios usuarios nos han hecho llegar, los libros en formato electrónico no gustan. Ya sea por la vista, mirar fijamente un ordenador o una tablet, cansa, lo sabemos. Ya sea por la cuestión de la memoria visual, ¿cuántos no hemos recordado en un examen la página exacta y el lugar exacto del párrafo del que queremos hablar, porque lo hemos visualizado en la cabeza? El hecho de tener que pasar páginas, de que sea diferente cada momento, ayuda al estudio (al menos eso es la sensación que tengo). Ya sea por la nostalgia y por no depender de un aparato electrónico constantemente (los libros no se cargan), el papel se prefiere.
Poco más que decir en contra del libro electrónico, solo atendiendo a enfrentar un formato con el otro, pero si vamos más allá, las contras se hacen extensas. Pensemos en las consecuencias que tendría a largo plazo la sustitución mayoritaria o total del libro de papel por el electrónico. Todo lo que voy a decir son suposiciones mías. Yo no creo que haya un plan pensado específicamente para que esto ocurra, espero, pero ni las bibliotecas ni la figura del bibliotecario serían iguales, por no decir, directamente, que desaparecerán.
      Las bibliotecas se convertirían en simples depósitos de libros anticuados, que se habrían quedado congeladas en el último año en el que se incorporó un libro a sus estanterías, por ejemplo el 2016, nada más allá de esa fecha. Con la tendencia a la conservación mediante la digitalización (bienvenida es), los libros anteriores se digitalizarían en su totalidad, por lo que la biblioteca pasaría a ser un simple depósito de libros.
Conociendo al ser humano, si podemos disfrutar del libro sin tener que movernos lo haremos. No creo que haya mucha queja si la oferta de libro desaparece por el electrónico, creo que la gente se acostumbraría y acabaría cediendo a la comodidad más inmediata. Por lo que ni si quiera iría mucha gente a consultar los libros del depósito. Bien, la biblioteca como tal desaparecería. Hay también cierta tendencia a la creación de bibliotecas sin libros, que son solo salas de estudio. Eso no es una biblioteca que quede claro, son eso, salas de estudio y no tienen por qué estar unidas a una biblioteca. Una biblioteca tiene que ser un lugar donde se presten libros, donde se consulten libros, donde alguien pueda llegar y sentarse a leer, simplemente. Un templo del saber, del saber a través de los libros. Un depósito de libros, que los acumula sin más, en el que no hay interacción entre humanos y libros, es un depósito, no una biblioteca.
Si esto ocurriera, los bibliotecarios sobrarían, pasarían a ser otra cosa. Para mantener los libros on-line no serían necesarias  muchas personas y desde luego no serían bibliotecarios, sino informáticos o personas formadas en ese tipo de sistemas.

En resumen, todo sería muy triste. Creo que no se va a dar esta distopía de la que hablo, pero me parece un riesgo que está ahí. Quizá, por resultar en un principio imposible, no caemos en que si se fomenta solo el libro electrónico en detrimento del de papel, llegaremos a la distopía infeliz, triste, de un mundo sin libros de papel, sin bibliotecas, sin gente leyendo un libro en papel en el metro, o en los parques, solo gente mirando pantallas. Esa sonrisa que te sale cuando lees el título de algún libro que otra persona lee, no se dará. En resumen… algo triste. Creo que tiene que haber una conjunción entre ambos y me cuesta creer que se va a perder el libro en papel, pero en los colegios cada vez se ven menos. Llegará el momento en el que un niño no sepa lo que es un libro en papel y me parecerá muy triste. 

1 comentario:

  1. Hola, Andrea, acabo de leer su artículo. Me gusta, pero no veo en la pantalla lugar en que se pueda poner MG. En referencia a los PROS, 1) Sus palabras sobre la contaminación no son en realidad un "pro", Vd. misma lo señala, y no sólo (yo, tilde) por lo que añade, sino también porque el consumo eléctrico coopera a la polución. 2) No sé si no se deterioran (no tengo), me imagino que se estropearán menos que los de papel, pero que también acabarán inservibles. 3) Acceso universal, en esto sí que veo una clara ventaja. 4) Espacio, digo lo mismo que en el punto precedente.
    CONTRAS, 1)Es cierto que la pantalla cansa más la vista. A mí, desde luego que sí. Llevo año y pico en Tuiter y varias veces he tenido que imprimir enlaces largos de seguidores para leerlos en papel y comentarlos después.
    Su referencia a que las bibliotecas se están convirtiendo en meras salas de estudio no creo que tenga que ver con el tema central del artículo, pero es muy acertada. En la Biblioteca más grande de mi pueblo, Basauri, he comprobado a veces que el único lector era yo (y estando repleta de gente). Ya comenté con la bibliotecaria que no me resultaba aceptable que un lector no encontrara asiento porque todo estaba ocupado por jóvenes "haciendo los deberes."
    Un saludo y fructífera jornada.
    Posdata: en "comentar como" escojo "anónimo", pues con el nombre, y con el usuario no me aceptan el envío. Soy Julio Aguilar.

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