jueves, 27 de noviembre de 2014

Sobre el Mito de la Caverna


 El mito de la caverna es ese famoso relato platónico, escrito en el libro VII de su República, que cuenta cómo un grupo de personas está dentro de una caverna, encadenadas desde su nacimiento y obligadas durante toda su vida a mirar en una sola dirección. En esa dirección hay un muro donde otros humanos proyectan sombras de diferentes objetos, animales, etc. a su placer. El diálogo se produce entre Sócrates y Glaucón, al que hace repetidas preguntas e intenta que se imagine la situación de estos prisioneros. A la espalda de estos prisioneros hay un camino de salida al exterior, que no pueden ver si no son liberados de sus cadenas. El diálogo hace reflexionar sobre qué pasaría si esos humanos encadenados, a los que se les ha mostrado sombras de objetos como única realidad posible, ante la ausencia de otra, qué pasaría si fueran liberados y llevados al exterior. ¿Qué pasaría cuando vieran a los otros hombres proyectar la sombra de los objetos a su antojo? ¿Qué pasaría cuando ascendieran y se les deslumbraran los ojos ante la luz natural, que nunca han visto? ¿Lo asumiría con gusto? ¿Protestaría? El dolor que le va a suponer adaptarse a eso, ¿Lo acogería con buen gusto?  Y una vez maravillado por la verdad, por el mundo real, ¿Qué haría? ¿Volvería a contárselo a sus compañeros de cautiverio? Resumiendo el relato, porque no es mi pretensión hacer ahora un análisis sobre el mismo, la persona que consigue salir, no sin esfuerzo, decide volver a la caverna para relatar lo visto arriba. Cuando baja sus ojos no se han adaptado a la oscuridad y parece torpe. Cuando comienza a relatar los demás no le creen porque la única realidad que han visto es la reflejada. Al verle torpe y diciendo cosas en apariencia ficticias, no le creen. Si les obliga a salir, notarán el dolor por la nueva claridad y rechazarán esa misma, llegando a matar al que ha descendido a la caverna.

 Es evidente el paralelismo a la vida de Sócrates. Sócrates es uno de los que han conseguido subir y decide volver para enseñar lo que ha visto. Pero al hacerlo le cuesta la vida. Sin embargo recientemente me han presentado este mito desde una perspectiva diferente. Normalmente este mito se relaciona con la teoría del conocimiento platónico, esta vez me lo han presentado como algo puramente político. Ha sido en la asignatura de Historia política e intelectual de Roma. En esta asignatura vimos que el mito se podía aplicar a las reformas políticas que algunos llevaron a cabo. El ejemplo que pusieron fue el de las reformas de los Graco. Los Graco habrían recibido esa luz, esa verdad al entrar en contacto con la cultura griega, que les haría revelado una forma diferente de hacer las cosas, y una vez adquirida, volvieron a bajar para adaptar esas ideas al mundo romano. La resistencia fue mucha, pero marcaron un momento importante en la Historia de Roma.

 En teoría el que sale fuera tiene la obligación de volver y enseñar, en el sentido político, tienen la obligación de participar en política para sacar de la caverna a sus conciudadanos, sea cual sea el fin. Y aunque en apariencia no tengan relación y hayan pasado muchos años, quiero hacer un paralelismo con algunas figuras de la Generación del 14 española.

Aprovechando su centenario han sido numerosas las conferencias, exposiciones, etc. que se han llevado a cabo este año 2014. En las dos últimas que he estado en el Ateneo de Madrid: la primera sobre los médicos y científicos ateneístas (a cargo de Antonio López Vega y Antonio Moreno) y la segunda sobre los filósofos y educadores ( a cargo de José Luis Abellán, Ciriaco Morón y José Luis Mora), revoloteaba la idea del fracaso generacional que suponen. La primera generación que tenía tanto intelectuales científicos como intelectuales de letras y a cuya cabeza se ponía un joven José Ortega y Gasset. Esta generación que abogaba por la europeización de España, que luchó por traer los avances científicos y las reformas necesarias para hacer de España un país moderno y adaptado a Europa, se encontró con un contexto histórico terrible: la Primera Guerra Mundial, en el mismo 14 y la Guerra Civil, después en el 36, que acabó con todo el trabajo realizado de un plumazo. Poco se podía hacer ante las tiranías y el desastre humano. Antes de que esto aconteciera, y aprovechado la neutralidad española en la primera Gran Guerra, bajaron a la caverna. Como bien es sabido Ortega, Marañón y Pérez de Ayala acogieron la Segunda República en su seno e intentaron aplicar esas reformas y esas nuevas ideas, pero no fueron escuchados, fueron desoídos y desatendidos casi desde el primer momento. Se podría entrar a considerar si pudieron hacer más o no, pero el caso es que desde antes del advenimiento de la Segunda República, durante el último periodo de Alfonso XIII, durante la Dictadura de Primo de Rivera, estos intelectuales del 14 bajaron a la caverna e intentaron iluminar España con lo que habían visto fuera y habían meditado.

 Ellos fracasaron en su contexto, no vieron los resultados, sino que vieron cómo se derrumbaba todo aquello que había creado e ideado, cómo la civilización se hacía barbarie y España retrocedía inexorablemente.
En este caso la consecuencia de bajar a la caverna no fue la condena a muerte, sino que sufrieron otro tipo de muerte en vida, quizás más dolorosa. Según el caso de cada uno de los miembros, la mayoría acabaron en el exilio, lejos de su patria. Algunos pudieron volver, pero a cambio de un precio. El ejemplo más conocido es el “silencio” de Ortega. Es sabido que Ortega vivió bastante deprimido sus últimos años de vida ante el panorama que tenía delante. No murió fusilado, pudo volver a España y seguir escribiendo, aunque la libertad de expresión era prácticamente nula. Sin embargo sufrió una muerte en vida causada por la impotencia, por la clara derrota de aquello por lo que luchó y de aquello por lo que reflexionó tanto.


De nuevo, la caverna y sus habitantes habían vencido, se volvía a extender la sombra de una realidad impuesta y ficticia. Volvían las cadenas y volvía la imposibilidad de mirar hacia otro lado. Sin embargo, cada uno de los que ha bajado a la caverna a revolucionarla, ha dejado su poso y ha facilitado a otros el hecho de plantearse su realidad. Han hecho de la subida escarpada y difícil, de ese dolor que causa la luz en los ojos acostumbrados a la oscuridad, algo más fácil de llevar y soportar. Han allanado el camino y nos han dejado su mano tendida para subir poco a poco, a través de sus escritos y sus figuras. Por ello, aunque parezca que no merece la pena el esfuerzo, porque no se ven los resultados a primera vista, siempre hay que intentarlo, por aquellos que sí quieren ver la verdad y la sabiduría.

viernes, 17 de octubre de 2014

Sobre la idolatría o sobre la admiración a los "famosos" II

   ¿Se puede sentir esa admiración y ganas de imitación hacia otras personas que no son consideradas figuras públicas? En mi caso sí y siento ser autobiográfica. Normalmente yo no sigo las vidas de esas personas que se llaman famosas, normalmente me decanto por personas que están en un mundo diferente. Admiro a pensadores, profesores y gente que tiene pasión por lo que hace y que se conforma con esa pasión por lo que hace, no quiere nada más. Gente sencilla que a mí me da esperanza. Me da esperanza en vistas a que yo puedo conseguir tener esa vida cuando sea mayor. Poder hacer lo que quieres, un servicio hacia los demás, leer, saber mucho, debatir, compartir, etc. Siempre me he sentido mucho más atraída por la figura del profesor o profesora, y ellos constituyen mis "figuras públicas". Pero eso, está mal visto, se ve como un acoso, como algo no natural, cuando se da de toda la vida.

   En los comienzos de la Universidad lo más normal era que los alumnos persiguieran a sus maestros, en todos los aspectos de su vida. Comidas, cenas, ¡incluso se podían alojar en la misma casa del maestro! Debían aprender y esa era la mejor forma, eso era señal de prestigio (las trampas a este respecto también tienen un paralelismo con lo que se puede ver hoy en día, pagar a los alumnos para que te sigan..me quiere sonar). A Sócrates se le encontraba rodeado de sus seguidores que debatían con él alegremente.  Pero como todo, con el abuso y el exceso llega el problema. Hoy en día estas figuras no son de dominio público y muchos no lo pretenden. Otros sí lo son, desde luego, pero no creo que a una escala de "poner foto en carpeta". No lo he hecho, conste, al menos no con los vivos. El busto de Sócrates sí, sí ha estado acompañándome en carpetas y paredes. ¿Por qué no? Junto a otros personajes públicos, obviamente. También tengo a Dalí y siento el impulso de poner fotos de intelectuales de principios de siglo XX. En este sentido no pasa nada, porque son figuras públicas desde luego y ahora mismo no se van a quejar si ahondo en sus vidas y busco una vía de imitación para poder ser mejor o encontrar inspiración y calma cuando me falta. ¿No?

   ¿Es malo querer saber todo de una persona cuando esta no se considera de dominio público? No será igual de malo en otra persona aunque sea personaje de dominio público? ¿No somos unos pequeños acosadores? Habrá quien peque de exceso y hay que controlarlo, porque eso sí es serio; por suerte creo que son los menos los casos que conllevan problemas de verdad, aunque a veces son dramáticos.


   Creo que la admiración y la idolatría son algo común en el conjunto de los humanos. Algunos admiramos unas cosas u otras, pero admiramos. No sé si esto ha resuelto algo, no lo creo, tampoco creo que sea su función. Pero yo al menos me he desahogado un poco.

Sobre la idolatría o sobre la admiración a los "famosos" I

   Este es un tema que tenía pendiente y al que le llevo dando vueltas desde hace tiempo. Es también un tema recurrente en algunos aspectos y que me hace reflexionar sobre mi posición en el mundo y me hace preguntarme incluso si soy normal.

    Leyendo a Ortega he encontrado un poco de paz para mi alma inquieta, aunque no por mucho tiempo. No es que me haya dado una verdad absoluta, no existe tal cosa, pero sí un camino nuevo donde explorar y que me da algo de esperanza de no sentirme tan alejada del gran común de los mortales. Ya hablaré de esto.

  Existe lo que se llama la "figura pública" o famosos o celebrity, que normalmente suelen ser artistas o deportistas, en el mundo de hoy en día. También están esos personajes, que nunca he entendido por qué son famosos, que salen en la tele y sobre los que basta ver cinco minutos de algún programa televisivo para enterarte de su vida de arriba abajo y de la que nos cuentan todo detalle, pero que aparentemente carecen de talento o de algo interesante (al menos yo no lo veo). Y dicen que tienen una profesión, no sé en qué meterlos.

   Ante esas figuras públicas se siente una especie de admiración e idolatría, en algunos casos, que hace que pongamos sus fotos en nuestras carpetas en el instituto, en las paredes de la habitación, que no hagamos otra cosa que hablar de ellos, que hagamos locuras como esperar horas para poder verlo en persona y que te firme algo, etc. También parece que tenemos la necesidad de saber todos los aspectos vitales de esa persona. Los buscamos, sabemos dónde está en cada momento y ¡hoy en día es aún más fácil! Son ellos mismos los que a través de las redes sociales se dan bombo y nos informan para deleite de sus seguidores, que incluso pueden interactuar con ellos a través de internet.
   Me planteo varias preguntas: ¿Qué tipo de personas entran en esta categoría de perfil público? en el sentido del que hablamos aquí. ¿Por qué causan esa admiración? Qué vemos en ellos. Y adelantar que hay personas que son introducidas en ese saco que no quieren serlo y no participan de ello, aunque a veces se ven forzados, y me cuestiono la moralidad de esto.

   Siguiendo el orden empezaré por el tipo de personas, aunque las preguntas están relacionadas. Como está escrito arriba la mayoría de los famosos suelen ser del mundo de las artes y del deporte. Cantantes, actores, actrices, futbolistas, tenistas, pilotos, etc. Un ejemplo clarísimo de idolatría y de fenómeno fan fue el comenzó con The Beatles en los 50, como es por todos bien sabido. Llegaba a tal el acoso que a veces se hacía inviable la vida normal de estos cuatro jóvenes. Cientos y miles de personas admiraban a los músicos y pregunto ¿Por qué?¿Qué tenían ellos que no tuvieran los demás?¿Importaba si eran buenas personas?¿Eran de verdad, realmente buenos músicos (que nadie se ofenda, solo pregunto)?

    Unos años antes el fenómeno del famoseo lo protagonizaban personajes de muy distinto quehacer. Albert Einstein y su famosa foto con la lengua fuera muestra una mirada cansada y aturdida por la cantidad de periodistas que le esperaban al salir de una cena. Era un ídolo y era científico, probablemente la mayoría de la gente no tenía ni idea de qué era lo que había hecho ese señor, pero era un señor con un alto reconocimiento y eso basta para ser idolatrado. ¿Es la prensa la que decide quién es famoso o la opinión pública tiene mucho que ver con ello? Creo que en estos días que vivimos es la segunda opción más predominante que la segunda, pero probablemente se alimenten la una de la otra.


   Creo que en lo que nos fijamos es en personas que aparentemente son iguales que nosotros, pero que tienen más dinero, parecen más atractivos y parece que tienen vidas perfectas. Incluso cuando no son perfectas nos parece que están en otro plano de la realidad y los acompañamos en ellas como si fuéramos nosotros mismos y ello fomenta que nos parezca que son reales y que su estilo de vida puede ser alcanzado por cualquiera.
   Personas que han conseguido dedicarse a aquello que aman y que viven aparentemente bien, en unos círculos privilegiados, que llevan ropa de diseñadores y son reflejo de aquello a lo que aspira la gente a llegar. La perfección física y social.

   Luego están esos otros programas y revistas de cotilleo que ahondan normalmente en la parte más oscura de la vida de esas personas. Hay otras que solo tratan lo "positivo", se casan, tienen hijos, son felices en la playa retozando, estrenan películas, sacan discos, desfilan… También si se divorcian, se ponen los cuernos, se pelean o están en la más profunda miseria. Eso los hace humanos, eso los hace abarcables.
Son el cuento de hadas y princesas.

   Pero estas tendencias creo que cambian, como he dicho antes, a finales del XIX y principios del XX eran admirados personajes de la ciencia y la literatura, se les perseguía. (Dejo a un lado el aspecto de los políticos, que supongo que tiene que ver más con el sex appeal del poder). 

 Gregorio Marañón con la esposa del político francés Edouard Herriot, por las calles de Toledo, 1932. Este es un ejemplo de lo que digo. Marañón un médico, siendo perseguido por las calles de Toledo, sí, va con la mujer de un político francés, pero eso no le resta importancia al hecho.

  ¿Qué ha cambiado?

   Las artes levantan pasiones. Admiramos a los actores y actrices por cómo interpretan personajes con los que nos sentimos identificados, o cuyas historias nos han conmovido, hecho reír o llorar de tristeza. Les admiramos porque ellos pueden ser héroes, villanos, pasar de ser personajes pobres a ser ricos, disfrazarse y cambiar el mundo con los mensajes que un director ha intentado plantear en su película. Una realidad paralela en la que todo puede ocurrir, incluso siendo ficción es realidad, sí. Eso es maravilloso, indudablemente. Eso los convierte en personas admiradas y envidiadas, sin lugar a dudas. Pero no todos en el mismo sentido ¿No? Hay miles de actores y actrices, y directores. ¿Por qué no se admira masivamente a los guionistas, iluminadores, encargados de casting o de vestuario? Obviamente la cara visible son los que interpretan y se dan un aire diferente. Están de cara al público y lo saben. ¿Eso permite que se les pueda seguir en todos los aspectos de su vida?¿Se debería limitar el seguimiento a su trabajo y no extenderse a su vida personal? Debería, pero queremos saber cómo esa persona ha conseguido ser lo que ha querido y necesitamos todos sus detalles para poder imitarlos a baja escala. Somos unos pequeños intérpretes de vidas ajenas.

   Lo mismo sucede con futbolistas, músicos y algún que otro literato de best sellers. Quizás sea simplificar, todo se da. Hay gente que no obedece a este tipo de cosas, que no sigue a los famosos de moda sino que se fijan en otros de menor calado. Admiran a un pianista que nadie conoce, a un poeta, a un actor de teatro, un bailarín, un arquitecto, un pintor…Y aún así ¿Hacemos lo mismo?¿Intentamos saberlo todo sobre su vida?


   Luego me planteo aquello de si todos quieren ser personajes públicos en el sentido de que se sepa absolutamente todo de sus vidas, de que la gente vaya a la puerta de sus casas, que no puedan ir por la calle sin que una nube de fotógrafos les retrate en cada momento de su vida. Desde luego que no y curiosamente, aquellos que huyen de ese tipo de vida pública, que la rechazan de lleno, suelen no tener esa presión tan alta como otros. Personas que solo se muestran en público cuando es algo relacionado con su trabajo. También está la graciosa idea de que es su obligación estar de cara al público las 24h "es que es su trabajo", ¿Qué te firme autógrafos y se haga fotos contigo cuando está haciendo la compra o paseando con su familia? Cuando no es un actor o músico (si es que se puede dejar de serlo) sino una persona anónima ¿Tiene que estar disponible? No sé hasta qué punto se puede controlar el que no se retransmita tu vida y no se hable de ti constantemente cuando no tiene lugar. Desde luego hay casos que se dan y pasan desapercibidos. ¿Dónde está la línea?