domingo, 26 de febrero de 2012

Sobre la legitimación de los términos abstractos.


Sobre la legitimación de los términos abstractos.

Últimamente, viendo el devenir de los acontecimientos en estos años, y más concretamente desde que empecé la Universidad, he pensado sobre la política, la justicia, las relaciones interpersonales, la violencia, etc.
Desde que empecé la Universidad han ocurrido muchas cosas a mi alrededor que me han hecho plantearme mi papel tanto en aspectos generales como la sociedad o la vida, a aspectos más concretos que interfieren directamente en mi personalidad, como mi ideología política, mi futuro, las relaciones con las personas que me rodean, etc.; y todo esto me ha llevado a plantearme cuestiones que ya tenía cerradas, o a abrir otras nuevas. Por eso escribo y por eso he abierto el blog.
En cuanto al tema de este escrito, me viene de los recientes altercados en el Occidente. Protestas que han terminado con cargas policiales que se han pasado de la raya, protestas que han acabado con revueltas violentas, quemando, robando, hiriendo, corrupción, la política, etc. Todo esto, y a raíz de algunas conversaciones con distintas personas, que opinan de forma totalmente distinta, me hizo reflexionar, primero, sobre la violencia como medio para conseguir un fin, y de aquí, saqué este aspecto que voy a tratar. En todo caso, este escrito es como una segunda parte, o un subescrito del tema principal, que sería el propuesto antes, sobre si la violencia justifica un fin. Luego de aquí se pueden sacar otros tantos escritos que giren en torno esa gran pregunta ¿El fin justifica los medios?

En las conversaciones que tuve, acabé pensando firmemente en que existe una gran manipulación en la gente que justifica la violencia como medio. Argumentaban (y es un hecho que agradezco enormemente, que argumenten las ideas), que la sociedad estaba harta de que el Estado, los bancos, las entidades financieras, los políticos, etc. les explotaran, les ignoraran, les manipularan, les robaran, les mintieran, y que encima respondieran a sus protestas con cargas policiales y con más mentiras y más medidas que aumentaban aún más la presión sobre ellos. Esto es Grecia. Con este panorama, en la suma pobreza, sin un presidente elegido democráticamente, viendo como su país se va a pique, las protestas llegan a un extremo violento en el que queman, roban, destrozan, hieren, etc. La policía tampoco se queda atrás y en muchas ocasiones responde con gran violencia, tienen más medios y la legitimación del poder, que justificará sus acciones, algo de lo que se hablará aquí también. En este contexto, algunas personas justifican esa violencia por parte del pueblo, ya que es el pueblo quien debe decidir, y en el pueblo recaen las nuevas medidas. Con esto la violencia potenciaría un cambio, es un reflejo de que una sociedad quiere cambiar, de que una sociedad quiere romper con lo que tiene y empezar algo nuevo, algo a mejor. Pero sobre esto hablaré en otro escrito.
De todo esto, a mi me dio por pensar en la gran manipulación que hay. Consignas como: “lucha contra el Estado opresor”, “lucha contra la clase política”, “lucha contra las fuerzas de seguridad del Estado”, “contra las entidades financieras”, “contra el gobierno”, etc. Pero esto se da sin necesidad de ser “lucha”. En el telediario, en los periódicos se habla de “entidades financieras”, de “Estado”, “gobierno”, “Fuerzas de seguridad del Estado”, etc. En nuestras conversaciones de día a día también aparecen estos términos. Términos abstractos a los que achacamos defectos, a los que vemos como enemigos, o como amigos según convenga. Pero en realidad ¿Qué quieren decir? ¿Qué significan? ¿Qué implican? En esto he pensado. Qué gran manipulación, qué forma de llevar la mirada hacia entes abstractos. Creo que estos términos abstractos sólo son nombres que unifican, por ejemplo Estado. Según la Rae Estado signifca:
2. m. Cada uno de los estamentos en que se dividía el cuerpo social; como el eclesiástico, el de nobles, el de plebeyos, etc.
5. m. Conjunto de los órganos de gobierno de un país soberano.
6. m. En el régimen federal, porción de territorio cuyos habitantes se rigen por leyes propias, aunque estén sometidos en ciertos asuntos a las decisiones de un gobierno común.

El Estado unifica a unas personas en un área geográfica, bajo unas normas. El Estado es un término abstracto, que se mantiene más allá de la vida de las personas, o sea que se mantiene aunque la gente que lo maneja muera, porque se suceden unos a otros. ¿Qué implica el Estado? El Estado es variable y depende de la persona que lo lleve. Estado Español ha existido tanto en monarquía, como en República, como en Franquismo, se ha mantenido aunque haya habido gobiernos de distinto tinte político, por lo que, no depende, no varía su significado aunque las personas que lo manejan sean diferentes. Por lo tanto, luchar contra el Estado es absurdo, y con perdón. El Estado es un término, simplemente. Lo que hace que un Estado sea eficiente, bueno, malo, etc. son las personas que están detrás de él, en nuestro caso, el gobierno, encabezado por el presidente del gobierno, una persona. Ahí es donde quiero llegar, una persona. Un término, en mi opinión no se puede, o no se debe cambiar. Pero a una persona sí. Las personas estamos sujetas a normas, a leyes constituidas, en un principio, por toda la sociedad para crear un ambiente mejor y solidario, ahora las hacen políticos (habría que ver si son los más aptos), con un supuesto consentimiento del pueblo. A las personas se les puede hacer responder si no han actuado como las normas marcan, a esas personas de gobierno, nosotros los podemos cambiar, gracias al sistema democrático, o al menos eso debería ser así. Hay otros Estados donde no se puede elegir, en ese caso volvería a la pregunta de arriba, sobre la violencia. Lo mismo ocurre con el término gobierno, son personas, el gobierno puede tener muchos colores, muchos matices, pero se le llamará igualmente gobierno. Pero el término que más gracia me ha hecho es el de “entidades financieras”. Estas entidades deciden qué país está bien y cual mal, qué país quiebra y cual no. Una entidad que decide sobre la economía mundial. ¿Qué son las entidades financieras? De nuevo indagando nos encontraríamos con que lo llevan personas. Espero que aún no se haya dejado la economía, en estos aspectos, a ordenadores, aún así los ordenadores los llevarían personas, creo. Al tema, personas. Personas con pensamiento, vida, casa, coche, familia, en principio no son diferentes a cualquier humano, bueno sí tienen mucho dinero, qué casualidad, y mucha cara, bueno, cara intuimos que tienen, porque no sabemos quiénes son. Esto me recuerda a esos exclusivos clubs de millonarios que se reúnen en sitios secretos para hablar sobre el mundo, para decidir sobre el mundo, sin que nosotros tengamos ni idea. Pero que causan un gran revuelo y mucho orgullo para el país o región que los alberga. “¡Tenemos millonarios cerca, qué emoción! Lo mismo se gastan algo y mejorará nuestra economía”. De nuevo, como digo, son personas las que hacen estas reuniones. Son personas que se esconden detrás de términos abstractos. ¿Por qué? Estoy leyendo un maravilloso libro, “El efecto Lucifer” de Philip Zimbardo, que habla sobre como una persona que es “buena” puede hacer el mal. Aquí habla del poder situacional en las personas, y resumiendo mucho, ya haré un escrito solo para el libro este, lo que lleva a una persona a hacer el “mal” es muchas veces que tiene una justificación de una autoridad. Se justifica su acción porque lo hace por el Estado, como los soldados en el ejército. Lo hace por la religión. Un ejemplo, y sin entrar en polémica “ Caídos por Dios y por España”. Las acciones que hagáis están justificadas por dos entes abstractos: Dios y Patria/Estado. Da igual si esos actos conllevan matar, a torturar, a destruir, a hacer cosas que antes no habrías sido capaz de hacer. Ahora tienes una justificación, de una entidad, una autoridad en la que confías porque o te ha hecho ver a los demás como enemigos de tus ideales, de tu familia, de tu país, etc. o, porque te prometen que el nuevo Estado que se forme va a ser mucho mejor. O las dos cosas, claro. En cuanto a esto, me gustaría una reflexión ¿ Es mejor? ¿ Ese acto violento lleva a algo mejor, de verdad? Creo que bajo esos términos abstractos hay personas que se esconden para hacer el mal. Como indica Zimbardo la desindividuación se da constantemente cuando una persona hace el mal para no tener conciencia sobre lo que haces. La desindividuación es perder tu identidad para pasar a formar parte de algo más grande, un grupo, o hacerte pasar por alguien totalmente diferente, como un disfraz, y así no sentir responsabilidad “sino soy yo, si no me reconocen, no me pueden culpar”. Esto viene de la conciencia y de las normas que hablaba antes, saben que está mal y se busca una manera de ocultar tu identidad para hacerlo y no sentirte mal, ¿Quién no ha hecho algo no permitido cuando alguien no nos veía? Y no hablo de delitos necesariamente, cosas como sacarte mocos, rascarte en determinadas zonas, etc., pequeños actos que sabes que en sociedad está mal vistos, pero que en privado los haces porque crees que nadie te observa. Si esto se lleva al máximo, te encuentras con gente que roba, mata, viola, que llevan capuchas, que actúan de noche, bajo el manto protector del anonimato. En el ejército te visten igual, te pintas la cara, te rapas el pelo, etc. porque te deforma y no eres reconocible, perteneces a un grupo. En ese grupo está permitido todo, porque al ser iguales, al no haber individuo se pueden hacer más cosas que si fuera un individuo con un arma. Es un grupo que lucha contra algo común. Lo mismo en la policía. Los antidisturbios van uniformados de la misma manera, a no ser que hagas fotos, acordarte de la cara, de la identidad de esas personas sería muy difícil. Es normal. Pertenecen a un colectivo, a un término abstracto, que obedece a otro término abstracto. Eso por un lado. ¿Qué pasa con los que dirigen el Estado, el gobierno, las entidades financieras, etc.? Ahora mismo los vemos como enemigos, por la situación actual. Pero son los mismos términos que había cuando nos iba bien, y los que ha habido en otras épocas de la historia. El problema son las personas que en ese momento lo forman, o no necesariamente las personas que lo forman en ese momento, puede que hayan sido las anteriores, eso es cierto. Aún así se sabe quiénes son. Pero lo que quiero decir con la desindividuación de la que hablaba, es que es muy fácil escudarte tras esos términos abstractos. “No os estoy pidiendo más esfuerzo por mi, sino por el Estado, por el bien común”. En los casos de corrupción una gran parte se hacen a través de instituciones, asociaciones, etc. creadas para realizar esos actos. Instituciones o asociaciones que dan anonimato, porque lo que se conoce es el nombre. Luego se sabe el nombre de los que la formaban, como Rumasa, o Noos, por poner un ejemplo. Ese nombre da anonimato y les evita tomar conciencia sobre lo que hacen. Lo mismo si se extiende a esas “Entidades financieras”, son personas las que las manejan que tendrán unos pensamientos estupendos a nivel personal, o no, no lo sabremos, pero que bajo un nombre, hacen lo que quieren, sin sensibilidad alguna, como autómatas. También vale para dictadores, o gente que se escude tras términos abstractos que supuestamente los legitiman para hacer lo que quieran en su nombre. Esto da para mucho debate, por ejemplo la Iglesia ha permitido mucho derramamiento de sangre por Dios. Lo que hacen estos términos abstractos aparte de dotar de unidad, es que legitiman los actos que se produzcan bajo su nombre. Y de nuevo vuelvo a las personas, un ente abstracto, una palabra por sí misma no tiene significado si no hay alguien que la entienda o la diga. Con esto pretendo decir, que los actos no los justifica el Estado, Dios, etc. sino las personas que en ese momento están a la cabeza de los mismos. En el caso de la Iglesia hubo Papas que tomaron decisiones muy violentas, sin embargo otros por Dios, reclamaban razón y paz, y criticaron las decisiones que no causaban ningún bien a nadie más que a la Iglesia. Es un ejemplo. Otro ejemplo muy claro es el del nazismo alemán. Una persona en nombre de Alemania promulga unas ideas, que se acatan. Hitler legitima el uso de la violencia para terminar con un determinado tipo de personas. Para ello las deshumaniza y crean una maquinaria perfecta para llevarlo a cabo. Por cierto algo que me sorprende y que viene al tema, cuando se quiere hay que ver lo bien que pueden llegar a funcionar las cosas. Me ha impresionado mucho ver la organización que se llevó en el nazismo para todos los temas del exterminio, se hicieron cosas que si hubieran sido aplicadas para otros fines Alemania habría sido una maravilla. Pero bueno, se dieron unas directrices, y personas que antes de esto eran excelentes socialmente hablando, acabaron matando de una forma fría a millones de personas. Estas personas se ponían un uniforme, pertenecían a un grupo, respondían a una autoridad que en nombre de las cosas que más les importaba, les indicaba que tenían que acabar con ellos porque eran un peligro para la humanidad, y lo hacían. Veían morir a miles de personas, los mataban ellos mismos, los dejaron de ver como personas. Yo siempre me he preguntado cómo podían matar a seres que eran iguales que ellos, que estaban desnutridos, que suplicaban, me parecía inconcebible, cómo se pudo llegar a eso. Pero esas personas, cuando terminaban de trabajar y volvían a sus casas, eran unos excelentes padres, unos excelentes vecinos, cumplían con todas las normas cívicas. Me parece increíble el poder situacional y el hecho de perder la individualidad, lo que llegan a hacer. Parece que me he ido del tema, pero no. De nuevo aparecen términos abstractos que legitiman unos actos. Esos actos son promulgados por personas concretas que se hacen ver como autoridad competente en estos aspectos.
Con todo esto digo, que están manipulados, porque se les exhorta a luchar contra términos abstractos, movidos por otro término abstracto, la ideología, que legitima una serie de acciones para lograr el fin de esa ideología. Esas acciones no tienen por qué ser violentas, ni la ideología ser la misma, por supuesto. Pero en realidad lo que cambia la situación es una persona, o un grupo de personas. Con esto no justifico que a esa persona se le aniquile, ni mucho menos. Pero si esas personas en vez de estar refugiadas bajo un manto protector, se les nombrara, se les conociera, creo que sería diferente. Y sobre todo, si la justicia funcionara como debe funcionar, pero ese es otro tema.

Sé que es muy genérico, sé que sabemos perfectamente quién era Hitler, quién era Franco, eso lo sabemos ahora. Pero estas dos personas se apoyaron en esos entes abstractos, es donde quiero llegar. El problema no es el Estado, no es Dios, o los dioses, no son las entidades financieras, no son los bancos, no es el gobierno, sino las personas que ven legitimadas sus acciones por estar bajo unos términos abstractos a los que todos asociamos con autoridad. Esas personas supieron aprovechar el momento para llamar a la lucha contra un enemigo abstracto, heterogéneo, con la excusa de que suponía un peligro para los ideales y principios de algunas personas. Mucha labia. Y bajo esta legitimación un grupo de gente que acaba actuando en consecuencia. En mi opinión si todos viéramos este poder situacional, estas máscaras tras las que se esconden, sería más fácil cambiar las situaciones. Son personas. De la misma manera que se deshumaniza al enemigo para no sentir remordimiento por lo que se ha hecho, se “deshumanizan” las otras personas para quitarse culpa. Hay muchos que critican a Dios y al Estado, pero creo que más que a ellos, a lo que representan y lo que se ha hecho en su nombre, pero de nuevo, insisto, esos términos los hemos dado los humanos. Esos actos los ha legitimado una persona. Es perfectamente razonable, y me parece muy bien que se critiquen las estructuras, por lo que digo arriba, de lo que legitiman. Pero esto se ve a tiempo pasado. En el momento en el que vivimos, en el presente, las acciones las mandan personas ahora mismo. Cambiar a esas personas, por otras con otra manera de pensar sería lo correcto. Con esto doy razón, en parte, a los que piden cambio, pero lo que dejo para otra ocasión es el medio por el que conseguirlo, de nuevo ¿el fin justifica los medios? ¿El cambio producido por medio de la violencia, crea algo mejor?

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