sábado, 6 de octubre de 2012

Sobre la Educación


El alumno debe superar al maestro.

Por norma general esto debería ocurrir siempre. Cuando no se cumple puede ser por dos cosas: el alumno no ha querido superarse, o el profesor no ha querido ser superado.
En el primer caso sería el alumno quien no ha mostrado el interés necesario por superarse. Entiendo que no partimos (por lo menos yo) de la base de superar a la persona que te está enseñando. El hecho de superar para mi implica esforzarte por ir más allá. No es competitividad, es naturaleza. Si el alumno no demuestra interés en superar lo que tiene, en buscar más, en intentar comprender más, no habrá hecho bien su función como alumno.
En el segundo caso es el profesor quien impide la superación del alumno. Esto quiere decir que un profesor debe estar dispuesto a dar absolutamente todo lo que sabe en beneficio del alumno, sin temor a que este algún día pueda superarlo. Si el profesor no se deja superar es porque esconde información, o no lo pone “fácil” para que el alumno adquiera más conocimientos y más capacidad de pensamiento. También es verdad que si al alumno se le da todo fácil no se le hace pensar. Pero con “poner fácil” no me refiero a que te lo den hecho, sino a que no se te pongan trabas a la hora de preguntar, de pedir información, de buscar y aprender. Cuando un profesor no hace esto, el alumno pierde, el alumno se queda sin conocer a expensas de otra fuente que sí de lo que reclama. Esto ni es correcto, ni hace bien a la ciencia.
Podría aplicarse esta frase a más relaciones sociales, no tiene por qué ser único del aspecto académico. Pero son los profesores los que más cercano tienen el difundir conocimientos, no solo por su preparación, que no distará mucho de la que otros universitarios tengan; también por su posición. Son los que están delante de una masa de personitas a las que tienen que educar. Educar en el sentido de dotar de una cultura general, de unas bases primarias para el desarrollo de esa persona en sociedad, de pensamiento. Luego está la educación propia de la persona, el comportamiento, que se debe adquirir más en casa que en la escuela, pero en la que al final colaboramos todos como sociedad.
Parece que le doy más importancia al papel del profesor en la culpa, pero al alumno se le debe hacer sentir la necesidad de superarse. Esto se consigue promoviendo la inquietud, los intereses, la curiosidad que todos tenemos, por unas cosas o por otras.
Sé que es difícil, y más en los tiempos que corren, intentar buscar y animar la curiosidad de cada uno de los cientos de alumnos que se tienen. No es una educación para individuos, es para masas. Pero quizás sean los libros los que más acerquen a cada uno a la propia inquietud. Y promover el interés por los libros sí que es algo que se puede hacer en masa. No obligando a leer, sino aconsejando qué leer.
Leer es una necesidad, pues solo es posible entenderse uno mismo leyendo libros. Como la vida es breve hay que leer bien, es decir a los autores clave, necesarios, ejemplares”
Esta frase nos la leyó un profesor en clase en el primer año de carrera. Nos intentaba animar a leer mediante una carta que había escrito para nosotros. Una carta que así terminaba:
No hay nada más práctico que dos buenas teorías opuestas e irreconciliables, con tal de que su estudio les haga pensar, y eso es lo que se aprende en la universidad, a pensar. Lean por favor, lean los textos, lean lo que quieran, pero lean” (G. G. Bravo).
En la Universidad se aprende a pensar”, esta frase me acompaña desde que empecé en la Universidad. Todavía espero a que sea verdad.
Por suerte, he conocido a algunas personas que están dispuestas a cumplir con la frase con la que comienza este escrito, y que por tanto cumplen también con su oficio de fomentadores de pensamiento.
No sé si los niños son una tabula rasa que se va llenando de información según van viviendo, o si ya tenemos algunos conocimientos teóricos, que no intuitivos o propios de la naturaleza, cuando nacemos. Pero sí sé que nuestro contexto nos influye enormemente, y que, para desarrollarnos plenamente, tenemos que tener todos la oportunidad de gozar de un buen libro y de una buena conversación con aquellos que difunden el conocimiento.
Una de las cosas que más me gusta de la Universidad es poder hablar con personas que escriben libros que leen miles de personas, o cientas, pero que son conocidos en el mundo académico. Esto es algo tremendo, increíble. Tampoco hay muchos que lo sepan apreciar, y hablo tanto de alumnos, como de autores. Casos de alumnos que pasan de profesores por esa ley absurda que muchas veces he escuchado “los profesores pertenecen a otra especie”, como seres malignos. Casos de profesores a los que parece que les molestes por preguntar e interesarte por su obra, o por algún tipo de conocimiento relacionado o no con lo suyo, como si los estudiantes fuéramos seres molestos.
Como todo, no hay que generalizar, y si escribo esto es también por que sé que es posible que se den los aspectos positivos más allá de los negativos. Y quiero reivindicar a esas personas que lo cumplen por amor al conocimiento, más allá de sus propios intereses. ¡GRACIAS!

miércoles, 20 de junio de 2012

Sobre la Universidad.

 
Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.”
Federico García Lorca. Discurso de inauguración de la biblioteca de su pueblo en Granada. Septiembre de 1931.

  He elegido a García Lorca y su discurso para abrir este escrito sobre la Universidad y el conocimiento, porque creo que es sincero y verdadero aquello de lo que habla, y viene al pelo tanto por la situación actual, como para este escrito. Lo único que rectificaría es la palabra violentamente. No me gusta la violencia para solucionar nada. Pero aprendí en una conferencia, que ese tipo de expresiones son los típicos de la época, del contexto, y no quieren decir literalmente lo que nosotros podemos entender.

Sobre la Universidad:
  La Universidad es, para mi, el más destacado invento que ha tenido el hombre en su existencia. Lo más bueno. Aquello que podría sacar lo mejor de nosotros mismos, aquello que somos por nuestra propia naturaleza. Razón, pensamiento, humanidad. La Universidad debe difundir el conocimiento que algunos descubren. La gente debe tener acceso a esto. La Universidad debe abrir puertas a todo el conocimiento, no solo a una parte de él
Pero como todo invento del hombre, se corrompe.
  Se corrompe por el individualismo, la fama, el interés propio, revestido de falso interés en difundir aquello que nos hace a nosotros mismos sentirnos mejores. No por interés general, no por interés universal.
  La Universidad debe servir para dar a conocer aquellas cosas que no podríamos descubrir si no fuera a través de ella: otros mundos, otras culturas, otros pensamientos, conocimientos, que solo una serie de personas pueden difundir. Un sitio donde se reúne el mundo, el conocimiento del mundo recogido desde hace siglos, la experiencia de todo un camino por la línea del tiempo, que empezó ya en un momento lejano.
  La Universidad debe agrandar a la persona, hacerla más humana, pero a la vez más pequeña. Más pequeña por que te debe hacer que te des cuenta de lo pequeños e insignificantes que somos. De lo inmensamente poblado que está el mundo. De que todo existe desde hace mucho tiempo, y que no ha sido creado para que nosotros lo explotemos pasando de ello, sino para que nosotros podamos disfrutarlo, para que podamos vivir. La Universidad tiene que servir para amar todo aquello que nos rodea o, como mínimo, para considerarlo, y respetarlo.
  La Universidad debe inculcarnos gustos, intereses. Fomentar las inquietudes. No se va a la universidad para otra cosa, en mi opinión, mas que para hacerte una idea de todo lo que hay y poder meter el hocico allí donde más te guste. Me parece incorrecto que se de más importancia a una asignatura teórica, a un conocimiento concreto, porque parezca relevante, que a un gusto personal.
  Y aquí apelo a Rousseau y al los humanistas reformistas de la educación. Ninguna de sus teorías fue aplicada, pero ahí están. El alumno debe aprender según sus gustos, intereses, por su propia evolución. Sin prisas. Esto es idílico e irreal. Nuestra sociedad exige, el contexto exige. Parece que me repito, pero quiero que las ideas estén claras.
  La Universidad debe crear intereses ajenos. La Universidad no puede dar un solo conocimiento porque se crea más útil en la moda actual. No puede despreciar un conocimiento porque parece que no nos sirve para cumplir con los objetivos impuestos desde fuentes ajenas a ella misma.
  Todos los conocimientos son válidos mientras valgan al hombre para comprenderse a sí mismo y comprender aquello que le rodea. Es válido aunque solo sea para una persona. No debe fomentarse el único conocimiento, puesto que todos beben los unos de los otros. No hay conocimientos individuales, no hay una rama de conocimiento que en algún momento no tenga que tirar de otra para continuar. No hay conocimiento puro. Todos son parte de nuestra invención. Sin nosotros, serían irrelevantes. Somos nosotros los que les dotamos de existencia y, por tanto, nos pertenecen, a todos.
  La Universidad es la cabeza. De la Universidad salen personas formadas para desempeñar puestos, lugares, importantes en nuestra sociedad. Es gente que ha tenido la oportunidad de tener acceso libre, sin restricción (aparente) al conocimiento que alberga la Universidad. Gente que ha querido saber más allá de lo que tenía antes. Gente que no se ha conformado con el conocimiento recibido antes. Al menos esa es la teoría. Pero, sobre todo, gente que formará a otra gente.
  La Universidad te pone en contacto con otros países, otros idiomas, otras culturas. Te permite conocer a gente apasionada por temas muy concretos. Gente que en sí mismos son bibliotecas especializadas. Te permite conocer a gente de todas partes, de toda condición.
  
La Universidad te permite saber, conocer.

¿Cómo se ha malogrado una cosa tan pura? Si se malogra ella, se malogra el resto. Dependemos del individuo, de la acción individual para que se mantenga, para que sigan a flote los principios, para que el conocimiento llegue puro a las generaciones siguientes. Para que el conocimiento permita a otros continuarlo. En los humanos parece que es inevitable la corrupción. Parece que es inevitable no malograr algo que es bueno. No somos constantes de unas generaciones a otras. No entiendo, ni entenderé cómo hay gente que trafica con el conocimiento, con el saber. Cómo hay gente que le pone precio, que le pone escalas de valores, de interés. Nunca entenderé a la gente que no quiere conocer, que no piensa en que los demás quieran conocer. Con esto enlazo con el discurso de García Lorca de nuevo. Él se refiere solo a los libros, pero los libros son el paso al conocimiento. Son una conversación con un escritor lejano, con las ideas de esa persona a la que quizás nunca conozcas.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?”

En las Universidades hay libros, y no solo libros, están muchas de las personas que los escriben, y esto es maravilloso. Hay un conocimiento que es oral, que se transmite a través de la palabra, y poder conocer a esas personas es una de las partes mas increíbles de la Universidad. Aunque esto no es entendido por muchos, incluídos los propios autores.

De paso, hago una defensa del papel de las humanidades dentro de esta sociedad procientífica y prosociales.
Los humanistas son los que enseñan a leer. Sin leer no podemos llegar a nada, absolutamente nada de lo que se nos exige hoy en día. Tampoco llegamos al saber escrito, obviamente. Ya no quedan oradores que viajen contando historias.
Los humanistas son los que enseñan a pensar, a reflexionar, enseñan filosofía, ética, historia. ¿Alguien se atreve a decir que esto no es importante en nuestra vida, no es importante como humanos?¿No es acaso esto lo más humano que hay? Según Vico, autor italiano del Renacimiento, lo único que puede conocer el hombre es aquello que ha creado él mismo. El resto de cosas nos vienen dadas, ya creadas, según él por Dios. Vico, se refiere a la historia principalmente. La historia nos hace ver lo que hemos hecho desde el principio, lo que hemos ido creando nosotros en nuestro devenir histórico. La historia es únicamente algo humano. El resto, la naturaleza, ya estaba cuando nosotros llegamos. Las ciencias no inventan, descubren sobre cosas ya hechas.
No desprecio las ciencias porque nos han hecho vivir mejor, adaptarnos mejor. Pero tampoco creo que se deba sobrevalorar el papel de la ciencia, y el papel de aquellas que se consideran humanidades. Como ya he dicho la Universidad debe ofrecer todos los aspectos en igualdad de condiciones.

Con todo esto, me hago tres preguntas, constantemente. Me encantaría poder hacer una encuesta y ver las respuestas, así que animo a contestar.

Tres preguntas sobre la Universidad:
¿Para qué va una persona a la Universidad?
¿Cuál es el objetivo de la Universidad?
¿Cuál es el papel del profesor en la Universidad?

domingo, 26 de febrero de 2012

Sobre la legitimación de los términos abstractos.


Sobre la legitimación de los términos abstractos.

Últimamente, viendo el devenir de los acontecimientos en estos años, y más concretamente desde que empecé la Universidad, he pensado sobre la política, la justicia, las relaciones interpersonales, la violencia, etc.
Desde que empecé la Universidad han ocurrido muchas cosas a mi alrededor que me han hecho plantearme mi papel tanto en aspectos generales como la sociedad o la vida, a aspectos más concretos que interfieren directamente en mi personalidad, como mi ideología política, mi futuro, las relaciones con las personas que me rodean, etc.; y todo esto me ha llevado a plantearme cuestiones que ya tenía cerradas, o a abrir otras nuevas. Por eso escribo y por eso he abierto el blog.
En cuanto al tema de este escrito, me viene de los recientes altercados en el Occidente. Protestas que han terminado con cargas policiales que se han pasado de la raya, protestas que han acabado con revueltas violentas, quemando, robando, hiriendo, corrupción, la política, etc. Todo esto, y a raíz de algunas conversaciones con distintas personas, que opinan de forma totalmente distinta, me hizo reflexionar, primero, sobre la violencia como medio para conseguir un fin, y de aquí, saqué este aspecto que voy a tratar. En todo caso, este escrito es como una segunda parte, o un subescrito del tema principal, que sería el propuesto antes, sobre si la violencia justifica un fin. Luego de aquí se pueden sacar otros tantos escritos que giren en torno esa gran pregunta ¿El fin justifica los medios?

En las conversaciones que tuve, acabé pensando firmemente en que existe una gran manipulación en la gente que justifica la violencia como medio. Argumentaban (y es un hecho que agradezco enormemente, que argumenten las ideas), que la sociedad estaba harta de que el Estado, los bancos, las entidades financieras, los políticos, etc. les explotaran, les ignoraran, les manipularan, les robaran, les mintieran, y que encima respondieran a sus protestas con cargas policiales y con más mentiras y más medidas que aumentaban aún más la presión sobre ellos. Esto es Grecia. Con este panorama, en la suma pobreza, sin un presidente elegido democráticamente, viendo como su país se va a pique, las protestas llegan a un extremo violento en el que queman, roban, destrozan, hieren, etc. La policía tampoco se queda atrás y en muchas ocasiones responde con gran violencia, tienen más medios y la legitimación del poder, que justificará sus acciones, algo de lo que se hablará aquí también. En este contexto, algunas personas justifican esa violencia por parte del pueblo, ya que es el pueblo quien debe decidir, y en el pueblo recaen las nuevas medidas. Con esto la violencia potenciaría un cambio, es un reflejo de que una sociedad quiere cambiar, de que una sociedad quiere romper con lo que tiene y empezar algo nuevo, algo a mejor. Pero sobre esto hablaré en otro escrito.
De todo esto, a mi me dio por pensar en la gran manipulación que hay. Consignas como: “lucha contra el Estado opresor”, “lucha contra la clase política”, “lucha contra las fuerzas de seguridad del Estado”, “contra las entidades financieras”, “contra el gobierno”, etc. Pero esto se da sin necesidad de ser “lucha”. En el telediario, en los periódicos se habla de “entidades financieras”, de “Estado”, “gobierno”, “Fuerzas de seguridad del Estado”, etc. En nuestras conversaciones de día a día también aparecen estos términos. Términos abstractos a los que achacamos defectos, a los que vemos como enemigos, o como amigos según convenga. Pero en realidad ¿Qué quieren decir? ¿Qué significan? ¿Qué implican? En esto he pensado. Qué gran manipulación, qué forma de llevar la mirada hacia entes abstractos. Creo que estos términos abstractos sólo son nombres que unifican, por ejemplo Estado. Según la Rae Estado signifca:
2. m. Cada uno de los estamentos en que se dividía el cuerpo social; como el eclesiástico, el de nobles, el de plebeyos, etc.
5. m. Conjunto de los órganos de gobierno de un país soberano.
6. m. En el régimen federal, porción de territorio cuyos habitantes se rigen por leyes propias, aunque estén sometidos en ciertos asuntos a las decisiones de un gobierno común.

El Estado unifica a unas personas en un área geográfica, bajo unas normas. El Estado es un término abstracto, que se mantiene más allá de la vida de las personas, o sea que se mantiene aunque la gente que lo maneja muera, porque se suceden unos a otros. ¿Qué implica el Estado? El Estado es variable y depende de la persona que lo lleve. Estado Español ha existido tanto en monarquía, como en República, como en Franquismo, se ha mantenido aunque haya habido gobiernos de distinto tinte político, por lo que, no depende, no varía su significado aunque las personas que lo manejan sean diferentes. Por lo tanto, luchar contra el Estado es absurdo, y con perdón. El Estado es un término, simplemente. Lo que hace que un Estado sea eficiente, bueno, malo, etc. son las personas que están detrás de él, en nuestro caso, el gobierno, encabezado por el presidente del gobierno, una persona. Ahí es donde quiero llegar, una persona. Un término, en mi opinión no se puede, o no se debe cambiar. Pero a una persona sí. Las personas estamos sujetas a normas, a leyes constituidas, en un principio, por toda la sociedad para crear un ambiente mejor y solidario, ahora las hacen políticos (habría que ver si son los más aptos), con un supuesto consentimiento del pueblo. A las personas se les puede hacer responder si no han actuado como las normas marcan, a esas personas de gobierno, nosotros los podemos cambiar, gracias al sistema democrático, o al menos eso debería ser así. Hay otros Estados donde no se puede elegir, en ese caso volvería a la pregunta de arriba, sobre la violencia. Lo mismo ocurre con el término gobierno, son personas, el gobierno puede tener muchos colores, muchos matices, pero se le llamará igualmente gobierno. Pero el término que más gracia me ha hecho es el de “entidades financieras”. Estas entidades deciden qué país está bien y cual mal, qué país quiebra y cual no. Una entidad que decide sobre la economía mundial. ¿Qué son las entidades financieras? De nuevo indagando nos encontraríamos con que lo llevan personas. Espero que aún no se haya dejado la economía, en estos aspectos, a ordenadores, aún así los ordenadores los llevarían personas, creo. Al tema, personas. Personas con pensamiento, vida, casa, coche, familia, en principio no son diferentes a cualquier humano, bueno sí tienen mucho dinero, qué casualidad, y mucha cara, bueno, cara intuimos que tienen, porque no sabemos quiénes son. Esto me recuerda a esos exclusivos clubs de millonarios que se reúnen en sitios secretos para hablar sobre el mundo, para decidir sobre el mundo, sin que nosotros tengamos ni idea. Pero que causan un gran revuelo y mucho orgullo para el país o región que los alberga. “¡Tenemos millonarios cerca, qué emoción! Lo mismo se gastan algo y mejorará nuestra economía”. De nuevo, como digo, son personas las que hacen estas reuniones. Son personas que se esconden detrás de términos abstractos. ¿Por qué? Estoy leyendo un maravilloso libro, “El efecto Lucifer” de Philip Zimbardo, que habla sobre como una persona que es “buena” puede hacer el mal. Aquí habla del poder situacional en las personas, y resumiendo mucho, ya haré un escrito solo para el libro este, lo que lleva a una persona a hacer el “mal” es muchas veces que tiene una justificación de una autoridad. Se justifica su acción porque lo hace por el Estado, como los soldados en el ejército. Lo hace por la religión. Un ejemplo, y sin entrar en polémica “ Caídos por Dios y por España”. Las acciones que hagáis están justificadas por dos entes abstractos: Dios y Patria/Estado. Da igual si esos actos conllevan matar, a torturar, a destruir, a hacer cosas que antes no habrías sido capaz de hacer. Ahora tienes una justificación, de una entidad, una autoridad en la que confías porque o te ha hecho ver a los demás como enemigos de tus ideales, de tu familia, de tu país, etc. o, porque te prometen que el nuevo Estado que se forme va a ser mucho mejor. O las dos cosas, claro. En cuanto a esto, me gustaría una reflexión ¿ Es mejor? ¿ Ese acto violento lleva a algo mejor, de verdad? Creo que bajo esos términos abstractos hay personas que se esconden para hacer el mal. Como indica Zimbardo la desindividuación se da constantemente cuando una persona hace el mal para no tener conciencia sobre lo que haces. La desindividuación es perder tu identidad para pasar a formar parte de algo más grande, un grupo, o hacerte pasar por alguien totalmente diferente, como un disfraz, y así no sentir responsabilidad “sino soy yo, si no me reconocen, no me pueden culpar”. Esto viene de la conciencia y de las normas que hablaba antes, saben que está mal y se busca una manera de ocultar tu identidad para hacerlo y no sentirte mal, ¿Quién no ha hecho algo no permitido cuando alguien no nos veía? Y no hablo de delitos necesariamente, cosas como sacarte mocos, rascarte en determinadas zonas, etc., pequeños actos que sabes que en sociedad está mal vistos, pero que en privado los haces porque crees que nadie te observa. Si esto se lleva al máximo, te encuentras con gente que roba, mata, viola, que llevan capuchas, que actúan de noche, bajo el manto protector del anonimato. En el ejército te visten igual, te pintas la cara, te rapas el pelo, etc. porque te deforma y no eres reconocible, perteneces a un grupo. En ese grupo está permitido todo, porque al ser iguales, al no haber individuo se pueden hacer más cosas que si fuera un individuo con un arma. Es un grupo que lucha contra algo común. Lo mismo en la policía. Los antidisturbios van uniformados de la misma manera, a no ser que hagas fotos, acordarte de la cara, de la identidad de esas personas sería muy difícil. Es normal. Pertenecen a un colectivo, a un término abstracto, que obedece a otro término abstracto. Eso por un lado. ¿Qué pasa con los que dirigen el Estado, el gobierno, las entidades financieras, etc.? Ahora mismo los vemos como enemigos, por la situación actual. Pero son los mismos términos que había cuando nos iba bien, y los que ha habido en otras épocas de la historia. El problema son las personas que en ese momento lo forman, o no necesariamente las personas que lo forman en ese momento, puede que hayan sido las anteriores, eso es cierto. Aún así se sabe quiénes son. Pero lo que quiero decir con la desindividuación de la que hablaba, es que es muy fácil escudarte tras esos términos abstractos. “No os estoy pidiendo más esfuerzo por mi, sino por el Estado, por el bien común”. En los casos de corrupción una gran parte se hacen a través de instituciones, asociaciones, etc. creadas para realizar esos actos. Instituciones o asociaciones que dan anonimato, porque lo que se conoce es el nombre. Luego se sabe el nombre de los que la formaban, como Rumasa, o Noos, por poner un ejemplo. Ese nombre da anonimato y les evita tomar conciencia sobre lo que hacen. Lo mismo si se extiende a esas “Entidades financieras”, son personas las que las manejan que tendrán unos pensamientos estupendos a nivel personal, o no, no lo sabremos, pero que bajo un nombre, hacen lo que quieren, sin sensibilidad alguna, como autómatas. También vale para dictadores, o gente que se escude tras términos abstractos que supuestamente los legitiman para hacer lo que quieran en su nombre. Esto da para mucho debate, por ejemplo la Iglesia ha permitido mucho derramamiento de sangre por Dios. Lo que hacen estos términos abstractos aparte de dotar de unidad, es que legitiman los actos que se produzcan bajo su nombre. Y de nuevo vuelvo a las personas, un ente abstracto, una palabra por sí misma no tiene significado si no hay alguien que la entienda o la diga. Con esto pretendo decir, que los actos no los justifica el Estado, Dios, etc. sino las personas que en ese momento están a la cabeza de los mismos. En el caso de la Iglesia hubo Papas que tomaron decisiones muy violentas, sin embargo otros por Dios, reclamaban razón y paz, y criticaron las decisiones que no causaban ningún bien a nadie más que a la Iglesia. Es un ejemplo. Otro ejemplo muy claro es el del nazismo alemán. Una persona en nombre de Alemania promulga unas ideas, que se acatan. Hitler legitima el uso de la violencia para terminar con un determinado tipo de personas. Para ello las deshumaniza y crean una maquinaria perfecta para llevarlo a cabo. Por cierto algo que me sorprende y que viene al tema, cuando se quiere hay que ver lo bien que pueden llegar a funcionar las cosas. Me ha impresionado mucho ver la organización que se llevó en el nazismo para todos los temas del exterminio, se hicieron cosas que si hubieran sido aplicadas para otros fines Alemania habría sido una maravilla. Pero bueno, se dieron unas directrices, y personas que antes de esto eran excelentes socialmente hablando, acabaron matando de una forma fría a millones de personas. Estas personas se ponían un uniforme, pertenecían a un grupo, respondían a una autoridad que en nombre de las cosas que más les importaba, les indicaba que tenían que acabar con ellos porque eran un peligro para la humanidad, y lo hacían. Veían morir a miles de personas, los mataban ellos mismos, los dejaron de ver como personas. Yo siempre me he preguntado cómo podían matar a seres que eran iguales que ellos, que estaban desnutridos, que suplicaban, me parecía inconcebible, cómo se pudo llegar a eso. Pero esas personas, cuando terminaban de trabajar y volvían a sus casas, eran unos excelentes padres, unos excelentes vecinos, cumplían con todas las normas cívicas. Me parece increíble el poder situacional y el hecho de perder la individualidad, lo que llegan a hacer. Parece que me he ido del tema, pero no. De nuevo aparecen términos abstractos que legitiman unos actos. Esos actos son promulgados por personas concretas que se hacen ver como autoridad competente en estos aspectos.
Con todo esto digo, que están manipulados, porque se les exhorta a luchar contra términos abstractos, movidos por otro término abstracto, la ideología, que legitima una serie de acciones para lograr el fin de esa ideología. Esas acciones no tienen por qué ser violentas, ni la ideología ser la misma, por supuesto. Pero en realidad lo que cambia la situación es una persona, o un grupo de personas. Con esto no justifico que a esa persona se le aniquile, ni mucho menos. Pero si esas personas en vez de estar refugiadas bajo un manto protector, se les nombrara, se les conociera, creo que sería diferente. Y sobre todo, si la justicia funcionara como debe funcionar, pero ese es otro tema.

Sé que es muy genérico, sé que sabemos perfectamente quién era Hitler, quién era Franco, eso lo sabemos ahora. Pero estas dos personas se apoyaron en esos entes abstractos, es donde quiero llegar. El problema no es el Estado, no es Dios, o los dioses, no son las entidades financieras, no son los bancos, no es el gobierno, sino las personas que ven legitimadas sus acciones por estar bajo unos términos abstractos a los que todos asociamos con autoridad. Esas personas supieron aprovechar el momento para llamar a la lucha contra un enemigo abstracto, heterogéneo, con la excusa de que suponía un peligro para los ideales y principios de algunas personas. Mucha labia. Y bajo esta legitimación un grupo de gente que acaba actuando en consecuencia. En mi opinión si todos viéramos este poder situacional, estas máscaras tras las que se esconden, sería más fácil cambiar las situaciones. Son personas. De la misma manera que se deshumaniza al enemigo para no sentir remordimiento por lo que se ha hecho, se “deshumanizan” las otras personas para quitarse culpa. Hay muchos que critican a Dios y al Estado, pero creo que más que a ellos, a lo que representan y lo que se ha hecho en su nombre, pero de nuevo, insisto, esos términos los hemos dado los humanos. Esos actos los ha legitimado una persona. Es perfectamente razonable, y me parece muy bien que se critiquen las estructuras, por lo que digo arriba, de lo que legitiman. Pero esto se ve a tiempo pasado. En el momento en el que vivimos, en el presente, las acciones las mandan personas ahora mismo. Cambiar a esas personas, por otras con otra manera de pensar sería lo correcto. Con esto doy razón, en parte, a los que piden cambio, pero lo que dejo para otra ocasión es el medio por el que conseguirlo, de nuevo ¿el fin justifica los medios? ¿El cambio producido por medio de la violencia, crea algo mejor?