lunes, 24 de octubre de 2016

Sobre la multidisciplinariedad o interdisciplinariedad

Este escrito viene motivado por varias cosas:

1-      Mi defensa del TFM el pasado junio.
2-    Un primer rechazo de la Facultad de Filosofía a mi propuesta de tesis, con la excusa de “Perfil no adecuado”.
3-      Lo que veo a mi alrededor.

¿A qué me refiero con la multidisciplinariedad o interdisciplinariedad (palabros complejos)? Me refiero a la conjunción de varias ramas del saber en un tema de una rama en concreto, me explico. Hablo desde la perspectiva de alguien que ha estudiado Historia (y quizá esto marque muy profundamente lo que aquí está escrito). Yo puedo estar haciendo un trabajo sobre la Segunda Guerra Mundial, pero introduzco métodos, objetivos, lecturas, análisis, lo que sea, de, por ejemplo, la psicología o la literatura; o estoy haciendo un estudio sobre el pensamiento filosófico en la Antigüedad, evidentemente la filosofía aparecerá por ahí.

Es cierto que la Historia me parece una de las ramas con más influencia de otras en sus estudios, y tiene que ser así. La Historia (que en griego significa simplemente investigar) abarca todo nuestro pasado humano y por tanto todo, absolutamente todo, lo que hayamos hecho, pensado, creado, etc. todo eso incluye todas las otras ramas. No es extraño encontrarse en los distintos grados universitarios o en el instituto mismo, títulos de asignaturas como “Historia de la Literatura”, “Historia de la Física”, “Historia de la Medicina”, etc. Estas asignaturas tienen, a priori, un objetivo claro: (tomemos como ejemplo la Medicina), contar los descubrimientos que se han ido realizando, explicar cómo se aplicaba la medicina en determinadas épocas, etc. No nos enseñarán, como es evidente, la anatomía, o la histología, o cómo diseccionar, sino que nos hablarán de cómo tenían que apañárselas los primeros pioneros en el estudio de la anatomía, para poder cotillear dentro de un cadáver sin que la Iglesia los pillara; o de cómo se erradicó no sé qué enfermedad, etc. No se trata, por tanto, de enseñarnos medicina, sino de conocer el pasado (o el presente) de la investigación de esa rama (por ejemplo). No voy a entrar en la necesidad o no de que esto exista.

            Sin embargo, en lo que quiero entrar aquí es en el intercambio directo de métodos, en el estudio multidisciplinar. Como decía, es difícil que en Historia eso no ocurra, es el pan nuestro de cada día. Si queremos preguntarnos cómo era la sociedad ateniense del siglo V, nos sorprenderemos aplicando términos de la sociología, de política, de la educación, de la filosofía, etc. El objetivo no es el mismo que buscaría alguien de sociología, no lo miramos por el mismo lado, pero nos encontramos juntos en un mismo camino. Los historiadores necesitamos saber de geografía, necesitamos conocer los mapas para poder completar, lo más satisfactoriamente posible, nuestros estudios y, sobre todo, encuadrar y contextualizar aquello de lo que hablamos (uno de los pilares imprescindibles del método de la Historia, sí, hay método), o si queremos entender la repercusión del entorno en los humanos o por qué hay determinadas poblaciones en determinados sitios. Es tan imprescindible tener este tipo de base, como que los historiadores del arte sepan de literatura o de la “otra historia”, para poder saber de qué están hablando al analizar una obra pictórica o escultórica (algún día hablaré sobre qué se considera Historia y qué no). En una ocasión una estudiante de historia del arte me dijo que no entendía por qué estudiaban literatura en esa carrera. Aparte de que la literatura es un arte, es que son indisociables, se pongan como se pongan. También escuché muchísimas quejas en mi carrera, sobre por qué teníamos que dar geografía o arte o filosofía. Para mí, incomprensibles. Recordar simplemente que, no hace tanto, eran una sola carrera. A veces resultan difusos los límites entre estas ramas que llamamos “humanidades”.

Otra de las ramas con la que nos topamos constantemente, sobre todo los de Antigua, es con la filología. Estoy tan agradecida a la gente que se le dan bien los idiomas y que me han permitido leer un libro griego... Es normal el uso de esta disciplina para nuestros intereses, e insisto, los objetivos de un filólogo y un historiador no son los mismos y tenemos que prestar atención a estas diferencias. Donde ellos se preocupan por la evolución de una palabra o un fonema en un tiempo determinado, nosotros podemos ver los movimientos de población (ellos también), acudimos a la arqueología, para ver si esto corresponde con lo material, y emitimos nuestras conclusiones. Como digo, esto es lo normal, pero hay quien no lo admite ni lo aplica, lo que merma la calidad de los estudios históricos una barbaridad. Lo perfecto sería que un historiador supiera griego y latín y fuera arqueólogo y supiera hacer cartografía y paleografía, numismática y hablar varios idiomas modernos, y saber cómo se disecciona y cómo funciona el universo, ya puestos etc. y de hecho la formación tiende a crear a ese historiador perfecto, que sabe absolutamente de todo y no depende de nadie de otras ramas porque conoce a la perfección los métodos de las mismas. Hay quien lo consigue, otros, nos tenemos que conformar con nuestras capacidades limitadas. Una parte fundamental de nuestra formación es saber discriminar qué sí y qué no.

            He detectado, en estos años de formación, ese especial “pique” entre la filología y la historia, y la arqueología. Hay quienes se aferran a un texto escrito como verdad indiscutible y omiten los datos evidentes que nos da la arqueología (generalmente más fiable), y hay quien rechaza de lleno la aportación que pueda hacer un filólogo sobre nuestro estudio, porque las palabras mienten o porque no dan datos absolutos. Ambas posturas me parecen absurdas. Así lo viví, por ejemplo, en mi defensa del TFM.

            En aquella sesión donde se defendieron varios trabajos, hubo casos de intercambio de ramas. El más particular fue el de una compañera, pediatra, que mezcló medicina e historia. Fue un trabajo interesantísimo y con mucho esfuerzo detrás. A través de los textos y de las evidencias arqueológicas, aplicó sus conocimientos de medicina para contarnos las enfermedades que asolaron la Atenas del siglo V a.C. Este TFM fue aplaudido por todos. Sin embargo, en los otros TFM donde el intercambio era más “normal”, es decir, filólogos o arqueólogos (entre otros), asomando, se hizo constar un leve malestar. En mi caso, en mi trabajo se incluían los pensamientos de periodistas, filósofos, sociólogos, historiadores, filólogos, politólogos, etc. Ese era uno de mis objetivos: ¿cómo se había entendido la ideología política de Sócrates en los siglos XIX y XX por las distintas ramas del saber? La ausencia de más historiadores fue una de las leves críticas. A otra chica directamente le criticaron la excesiva presencia de filólogos. ¿Por qué un intercambio está bien y otros no? ¿Por qué esa reticencia, cuando es evidente que la historia lo necesita, o más bien, no, no es que lo necesite, es que es así? Y ojo, no hablo de los intrusismos. A mí no me gusta en exceso que un periodista se declare historiador, no, oigan no. No somos lo mismo, nuestros métodos y objetivos no son los mismos. No me importa que hagan una valoración de la historia desde su punto de vista, pero no se vendan como historiadores o no vendan su trabajo como historia si no es así. No me importó nada en mi TFM hablar del libro de I.F. Stone, sobre Sócrates. Él es honesto desde el principio en sus objetivos y métodos, otra cosa es que se esté de acuerdo con esas conclusiones. No es la “Historia de Sócrates”, no, son las ideas que este señor tiene sobre Sócrates después de haber investigado. Eso no es intrusismo, es intercambio. Quizá tendría que pensar en cuáles son los límites.
            
       Pasando al siguiente punto, tengo que aclarar cuál es mi particular visión de la estructuración de las ramas del saber. La primera de todas, de la que parten las demás, es la filosofía. El amor al saber, el hacerse preguntas, el comprender en general o en concreto nuestro contexto y lo de más allá, es lo básico para que cualquier tema en concreto tome cuerpo y acabe convirtiéndose en una rama propia con sus objetivos, métodos, etc. Si se tiene una idea restringida de la filosofía o de cualquiera de las otras ramas, esto no se verá jamás, y quizá es uno de los grandes pecados que lleva arrastrando la investigación. Este hecho se viene denunciando desde hace muchos años, no es nuevo, pero la hiperespecialización de hoy en día, supera cualquier cosa. Hoy más que nunca se hacen necesarias las investigaciones generales que vinculan cada ramita de la gran rama para poder formarnos una idea de su contexto, su alcance, su estado, etc. Ya lo advirtió, por poner un ejemplo, Ortega en La Rebelión de las masas, y es un libro de 1929. Pero vuelvo al tema del inicio de este párrafo.

La filosofía me parece el origen de las inquietudes, de ahí partimos y es propio del ser humano, como lo que más. Dejarla de lado, implica dejarnos de lado a nosotros mismos, a lo que somos en esencia y es sinónimo de gente a la que no le importa nada lo que no sea exclusivamente su vida y que pasa su tiempo sin preguntarse absolutamente nada (se me antoja complicado, pero los hay). Por tanto, creo que la filosofía es compatible con cualquier otra rama del saber. Filosofía de la ciencia, filosofía de la moral, filosofía y derecho, filosofía de la historia, historia de la filosofía, los límites difusos, a veces, entre un sociólogo y un filósofo o un psicólogo (hoy en día se han especializado mucho las dos ramas, pero pensemos en su origen. He visto a Marx tanto como filósofo como sociólogo). No creo que se pueda investigar nada si antes no te preguntas algo, preguntarse para mí es sinónimo de filosofía (sé que no se queda ahí, podemos discutir lo que haga falta todos los flecos. Aquí quiero dar una visión general, vaya).

De ahí la sorpresa mayúscula que me llevé al ver que mi pre-inscripción de la tesis en la Facultad de Filosofía, había sido rechazada por “perfil no adecuado”. Una tesis sobre José Ortega y Gasset y la importancia de la Historia en su pensamiento, no era adecuada. El perfil de un historiador, no era adecuado con un programa de doctorado de Filosofía. Habría esperado cualquier otro tipo de excusa, pero esta no. A raíz de esto, pregunté en Twitter lo siguiente: “¿Alguien por aquí que no crea que la historia y la filosofía son materias afines?”. Hubo quien dijo que sí eran afines, pero otros no lo consideraban así, porque el objeto de estudio no era el mismo. Evidentemente no lo es, por eso existen ramas diferenciadas, pero eso no quiere decir que no sean intercambiables, como he venido defendiendo hasta ahora. Que la filosofía se centre en algo general y la historia en algo concreto, no me parece algo incompatible. De hecho, de un interés general, surge el interés por algo en concreto, lo malo es que del interés concreto no se llegue a un interés general. Queda aislado el conocimiento, y es necesaria la especialización para que algo se desarrolle hasta lo máximo posible, pero no podemos obviar lo demás. Vuelvo a poner un ejemplo de medicina. La medicina está muy fragmentada en función del ámbito de estudio, pero todos los médicos tienen que saber cómo funcionar todo. No vale que uno sea experto única y exclusivamente en el corazón, no. El organismo está conectado, no son elementos aislados. Lo que le pasa en un principio a un solo órgano puede afectar a otros aspectos del resto del cuerpo y viceversa. Para diagnosticar bien hay que tener en cuenta todo lo posible, para luego concretar. Luego, en función de qué es lo que concentra el foco, actúan uno u otro especialista. Pero, anda que no hay veces que tienen que hablar varios especialistas entre ellos para ver qué se hace.

      Así veo yo este asunto. Todo está conectado y todo tiene relación. Cada rama tiene sus propios métodos, objetivos, análisis, etc. pero un intercambio, una ampliación de miras a otras ramas del árbol, no hacen que la investigación sea peor. Ya depende de la honestidad de cada uno, de la habilidad y el talento, para que eso vaya a buen puerto. Tampoco es necesario mezclar por mezclar, ni el intrusismo. Todo está bien si se parte del único método universal de investigación que cubre todo el árbol: la honestidad.