Supongo que sobre este asunto se
habrán escrito millares de artículos y se habrán expresado no menos opiniones,
no creo que aporte nada nuevo; sin embargo, quiero hablar de un caso concreto,
una distopía concreta.
Trabajo en una biblioteca de la
Universidad Complutense de Madrid. Hace unos días se dio una charla sobre una
plataforma de libros electrónicos. Desde la dirección de la biblioteca se animó
a la asistencia y se recomendaba la asistencia con mucho interés. Yo no fui, me
quedé con una compañera a la devolución; tampoco tenía mucho interés. Luego me
enteré de que la introducción de los libros electrónicos era algo que se
fomentaba desde la dirección de la biblioteca UCM. Desconozco los motivos,
aunque me los puedo imaginar. Reflexionando, precisamente sobre esos motivos,
he llegado a varios pros y contras. Empiezo por los pros:
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A
priori es más ecológico. No se gasta papel, no se talan
árboles para imprimir libros. Si esto fuera verdad, sería estupendo, pero tengo
la ligera sospecha de que para fabricar los soportes de lectura electrónica y
las máquinas que hagan posible el proceso, se talan árboles y se contamina
igualmente, si no en peor grado. Pero como vamos hacia un mundo en el que todo
el mundo tendrá uno de estos soportes… bueno, dejémoslo ahí.
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No se deteriora. Lo malo de una
biblioteca de estas características (universitaria) es que los libros sufren
mucho. Por el tránsito, el uso, el tiempo, simplemente. Eso implica comprar más
ejemplares, renovarlos, mantenerlos y repararlos, lo que aumenta el gasto.
(Quizá una mejor educación en el trato al libro ayudaría algo a solucionar este
problema)
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Todo el mundo tendría acceso al libro.
Las bibliotecas no pueden disponer de un ejemplar por alumno de cada libro que
se posee, es inviable. Con el libro electrónico todo el mundo tendría acceso al
contenido, cuando quisiera, como quisiera, sin depender de horarios de apertura
y cierre y sin depender de si un irresponsable ha devuelto o no el libro en el
que estaba interesado. (Insisto en la educación).
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Economía, que es el principal motor de
algunas personas. En un principio, al pagar un libro electrónico, se ahorraría
dinero. Un ejemplar electrónico vale por muchos en papel, es así. El que no se
deteriore y no haya que mantenerlo ni tener un espacio físico para él, también
ayudarían al ahorro. Un libro electrónico es caro para este tipo de usuarios
como lo es la UCM. Hay que tener en cuenta que las empresas son conscientes de
que ese libro va a ser leído por mucha gente, no van a perder dinero tampoco; y
esos contratos se renuevan constantemente. Habría que hacer un estudio sobre si
resulta económico o no, eso lo desconozco, pero seguro que los hay.
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Espacio, el eterno problema de las
bibliotecas. Evidentemente, al usar el libro electrónico nos ahorramos el
espacio, solo haría falta un buen sistema que pueda soportar el peso del libro
y que garantice el acceso a este de forma remota (este es otro asunto). No
habría estanterías abarrotadas a punto de desmayarse por la excesiva carga. No
se necesitarán espacios enormes.
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Libros sin subrayar, listos para cuando
uno quiera. No se acumularían ediciones antiguas, se renovarían
automáticamente, siempre al día.
Ahora las
contras:
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Hasta donde yo sé, por lo que los
propios usuarios nos han hecho llegar, los libros en formato electrónico no
gustan. Ya sea por la vista, mirar fijamente un ordenador o una tablet, cansa, lo sabemos. Ya sea por la
cuestión de la memoria visual, ¿cuántos no hemos recordado en un examen la
página exacta y el lugar exacto del párrafo del que queremos hablar, porque lo
hemos visualizado en la cabeza? El hecho de tener que pasar páginas, de que sea
diferente cada momento, ayuda al estudio (al menos eso es la sensación que
tengo). Ya sea por la nostalgia y por no depender de un aparato electrónico
constantemente (los libros no se cargan), el papel se prefiere.
Poco
más que decir en contra del libro electrónico, solo atendiendo a enfrentar un
formato con el otro, pero si vamos más allá, las contras se hacen extensas.
Pensemos en las consecuencias que tendría a largo plazo la sustitución
mayoritaria o total del libro de papel por el electrónico. Todo lo que voy a
decir son suposiciones mías. Yo no creo que haya un plan pensado
específicamente para que esto ocurra, espero, pero ni las bibliotecas ni la
figura del bibliotecario serían iguales, por no decir, directamente, que
desaparecerán.
Las bibliotecas se convertirían en simples
depósitos de libros anticuados, que se habrían quedado congeladas en el último
año en el que se incorporó un libro a sus estanterías, por ejemplo el 2016,
nada más allá de esa fecha. Con la tendencia a la conservación mediante la
digitalización (bienvenida es), los libros anteriores se digitalizarían en su
totalidad, por lo que la biblioteca pasaría a ser un simple depósito de libros.
Conociendo
al ser humano, si podemos disfrutar del libro sin tener que movernos lo
haremos. No creo que haya mucha queja si la oferta de libro desaparece por el
electrónico, creo que la gente se acostumbraría y acabaría cediendo a la
comodidad más inmediata. Por lo que ni si quiera iría mucha gente a consultar
los libros del depósito. Bien, la biblioteca como tal desaparecería. Hay
también cierta tendencia a la creación de bibliotecas sin libros, que son solo
salas de estudio. Eso no es una biblioteca que quede claro, son eso, salas de
estudio y no tienen por qué estar unidas a una biblioteca. Una biblioteca tiene
que ser un lugar donde se presten libros, donde se consulten libros, donde
alguien pueda llegar y sentarse a leer, simplemente. Un templo del saber, del
saber a través de los libros. Un depósito de libros, que los acumula sin más,
en el que no hay interacción entre humanos y libros, es un depósito, no una
biblioteca.
Si
esto ocurriera, los bibliotecarios sobrarían, pasarían a ser otra cosa. Para
mantener los libros on-line no serían
necesarias muchas personas y desde luego
no serían bibliotecarios, sino informáticos o personas formadas en ese tipo de
sistemas.
En
resumen, todo sería muy triste. Creo que no se va a dar esta distopía de la que
hablo, pero me parece un riesgo que está ahí. Quizá, por resultar en un
principio imposible, no caemos en que si se fomenta solo el libro electrónico
en detrimento del de papel, llegaremos a la distopía infeliz, triste, de un
mundo sin libros de papel, sin bibliotecas, sin gente leyendo un libro en papel
en el metro, o en los parques, solo gente mirando pantallas. Esa sonrisa que te
sale cuando lees el título de algún libro que otra persona lee, no se dará. En resumen… algo triste. Creo que tiene que haber una conjunción entre ambos y me
cuesta creer que se va a perder el libro en papel, pero en los colegios cada
vez se ven menos. Llegará el momento en el que un niño no sepa lo que es un
libro en papel y me parecerá muy triste.