Es evidente el paralelismo a la vida de
Sócrates. Sócrates es uno de los que han conseguido subir y decide volver para
enseñar lo que ha visto. Pero al hacerlo le cuesta la vida. Sin embargo
recientemente me han presentado este mito desde una perspectiva diferente.
Normalmente este mito se relaciona con la teoría del conocimiento platónico,
esta vez me lo han presentado como algo puramente político. Ha sido en la
asignatura de Historia política e intelectual de Roma. En esta asignatura vimos
que el mito se podía aplicar a las reformas políticas que algunos llevaron a
cabo. El ejemplo que pusieron fue el de las reformas de los Graco. Los Graco
habrían recibido esa luz, esa verdad al entrar en contacto con la cultura
griega, que les haría revelado una forma diferente de hacer las cosas, y una
vez adquirida, volvieron a bajar para adaptar esas ideas al mundo romano. La
resistencia fue mucha, pero marcaron un momento importante en la Historia de
Roma.
En teoría el que sale fuera tiene la
obligación de volver y enseñar, en el sentido político, tienen la obligación de
participar en política para sacar de la caverna a sus conciudadanos, sea cual
sea el fin. Y aunque en apariencia no tengan relación y hayan pasado muchos
años, quiero hacer un paralelismo con algunas figuras de la Generación del 14
española.
Aprovechando su centenario han
sido numerosas las conferencias, exposiciones, etc. que se han llevado a cabo
este año 2014. En las dos últimas que he estado en el Ateneo de Madrid: la
primera sobre los médicos y científicos ateneístas (a cargo de Antonio López Vega y Antonio Moreno) y la segunda sobre los
filósofos y educadores ( a cargo de José Luis Abellán, Ciriaco Morón y José Luis Mora), revoloteaba la idea del fracaso generacional que
suponen. La primera generación que tenía tanto intelectuales científicos como
intelectuales de letras y a cuya cabeza se ponía un joven José Ortega y Gasset.
Esta generación que abogaba por la europeización de España, que luchó por traer
los avances científicos y las reformas necesarias para hacer de España un país
moderno y adaptado a Europa, se encontró con un contexto histórico terrible: la Primera Guerra
Mundial, en el mismo 14 y la Guerra Civil ,
después en el 36, que acabó con todo el trabajo realizado de un plumazo. Poco
se podía hacer ante las tiranías y el desastre humano. Antes de que esto
aconteciera, y aprovechado la neutralidad española en la primera Gran Guerra,
bajaron a la caverna. Como bien es sabido Ortega, Marañón y Pérez de Ayala
acogieron la Segunda
República en su seno e intentaron aplicar esas reformas y
esas nuevas ideas, pero no fueron escuchados, fueron desoídos y desatendidos
casi desde el primer momento. Se podría entrar a considerar si pudieron hacer
más o no, pero el caso es que desde antes del advenimiento de la Segunda República ,
durante el último periodo de Alfonso XIII, durante la Dictadura de Primo de
Rivera, estos intelectuales del 14 bajaron a la caverna e intentaron iluminar
España con lo que habían visto fuera y habían meditado.
Ellos fracasaron en su contexto, no vieron los
resultados, sino que vieron cómo se derrumbaba todo aquello que había creado e
ideado, cómo la civilización se hacía barbarie y España retrocedía
inexorablemente.
En este caso la consecuencia de
bajar a la caverna no fue la condena a muerte, sino que sufrieron otro tipo de
muerte en vida, quizás más dolorosa. Según el caso de cada uno de los miembros,
la mayoría acabaron en el exilio, lejos de su patria. Algunos pudieron volver,
pero a cambio de un precio. El ejemplo más conocido es el “silencio” de Ortega.
Es sabido que Ortega vivió bastante deprimido sus últimos años de vida ante el
panorama que tenía delante. No murió fusilado, pudo volver a España y seguir
escribiendo, aunque la libertad de expresión era prácticamente nula. Sin
embargo sufrió una muerte en vida causada por la impotencia, por la clara
derrota de aquello por lo que luchó y de aquello por lo que reflexionó tanto.
De nuevo, la caverna y sus
habitantes habían vencido, se volvía a extender la sombra de una realidad
impuesta y ficticia. Volvían las cadenas y volvía la imposibilidad de mirar
hacia otro lado. Sin embargo, cada uno de los que ha bajado a la caverna a
revolucionarla, ha dejado su poso y ha facilitado a otros el hecho de plantearse
su realidad. Han hecho de la subida escarpada y difícil, de ese dolor que causa
la luz en los ojos acostumbrados a la oscuridad, algo más fácil de llevar y
soportar. Han allanado el camino y nos han dejado su mano tendida para subir
poco a poco, a través de sus escritos y sus figuras. Por ello, aunque parezca que no merece la pena el esfuerzo, porque no se ven los resultados a primera vista, siempre hay que intentarlo, por aquellos que sí quieren ver la verdad y la sabiduría.